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La señora Trinidad Calero Suárez, de 81 años, apenas cursó el primer grado de primaria, optó por seguir su vida ayudándole a su madre en los quehaceres, hasta que salió casada a los 17 años, pensando que el matrimonio “era liberarse”. Tiempo después “le nació” partear, y desde entonces atendió a cuanta embarazada solicitó su asistencia.

Perdió la cuenta de cuántos niños ayudó a nacer, solo dice que hubo años en los que atendió hasta 140 nacimientos. Es por eso que muchos de los menores de 40 años que hoy viven en su zona, fueron recibidos por esta mujer de corazón alegre, que se revela satisfecha del oficio que aprendió de su progenitora.

Pero esta mujer, que ayudó a vivir y también engendró vida, de su faceta de madre hoy día se declara complacida con el fruto del sacrificio que hizo para criar a los 10 hijos que parió, 6 varones y 4 mujeres.

“Desde que era chavala me gustaba ser partera, creo que nací con esa vocación”, comenta la señora que aún hoy no le niega la ayuda a una embarazada en apuros por parir, aunque reconoce que ya pocas la buscan.

“Yo le decía mi mamá: ‘cuando termine de tener a mis hijos voy a aprender a ser partera, vos me vas a enseñar’”, relata quien ahora aconseja a las embarazadas sobre cuándo y cómo es dar a luz; “yo les voy diciendo los pasos que van a hacer, lo que van a sentir, y cómo viene el niño”, agrega esta señora quien ha tenido el privilegio de hasta ayudar a nacer a sus propios nietos.

“Soy partera adiestrada y de vocación”, dice con alegría y orgullo, para luego contar que antes iba adonde la buscaban. “Unas (mujeres embarazadas) me podían pagar, otras las pobrecitas no, pero yo así las atendía”, contó.

Doña Trinidad actualmente vive junto a su marido y 3 de sus 10 hijos, todos ya profesionales, cuenta con orgullo.

“Tengo alrededor de 40 nietos, y bisnietos un poquito. Uno es madre toda la vida, porque siempre está ahí uno apoyando a sus hijos…“, dice la experimentada partera.