•   Altagracia, Isla de Ometepe, Rivas, Nicaragua  |
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Cuando a doña Vilma Alemán le tocó asumir sola la carga de cinco hijos, en una zona rural de Altagracia, Isla de Ometepe, no tenían acceso a energía, agua potable ni a trasporte público, pero eso no fue obstáculo para que no asumiera el reto.

Cultivar plátanos fue el medio de sobrevivencia que encontró doña Vilma, hoy de 58 años. Sin saberlo, su padre la preparó para ello cuando la llevaba de chavala a realizar labores agrícolas, que incluían el cultivo de chagüites.

De esta manera el machete y las tierras fueron las herramientas de doña Vilma, quien a diferencia de sus hijos nunca tuvo la oportunidad de asistir a la escuela.

Trabajando en el campo se enamoró tres veces, y aunque no fue afortunada en el amor, el fruto de sus tres relaciones son cuatro hijas y un varón.

Su amor de madre la llevó a ponerle interés al cultivo de musáceas, tanto que es reconocida por los productores de plátanos de la Isla de Ometepe, y su producción es parte de la que se comercializa en El Salvador y Honduras.

“Yo corto plátanos, hago limpieza, siembro y deshojo hojas afectadas, pero también contrato a tres peones y a la vez me ayudan mis hijos y los yernos, pues tres de mis cuatro hijas ya están casadas”, cuenta.