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El sol se impone en la entrada del Hogar San Antonio, un edificio antiguo donde funcionó por varios años el hospital de Masaya y que luce como si estuviese en total abandono. Sin embargo, en el portón, un vigilante resguarda a los 51 ancianos y al personal que labora en el lugar.

El guarda de seguridad, de más de 50 años, de inmediato nos comunicó con sor Teresa de Jesús Cuéllar Manzano, directora y administradora del Hogar San Antonio, la que pertenece a la congregación de las Hermanas Josefinas, de México.

Por el pasillo, que va a la oficina de sor Teresa, una decena de ancianos lucían recién bañados y con vestimenta limpia. Algunos sin poder esconder sus dolencias.

Con el carisma, típico de las religiosas, dejó claro que la visión de la congregación es ayudar al pobre.

“El asilo podría tener entre 70 y 80 ancianos, pero el hacinamiento no me conviene, no me conviene tener esa cantidad de ancianos con una alimentación inadecuada.

Si con 50 me las veo de a pelitos con la alimentación”, expresa la religiosa para exponer la dificultad que atraviesan.

Según sor Teresa, hay donantes de Masaya y Managua que llevan alimentación al Hogar San Antonio y con eso se ayudan. Hasta reciben la ayuda de algunas universidades quienes envían personal de enfermería y de psicología para atender a los ancianos.

Sin embargo, uno de los principales problemas que enfrentan es conseguir frutas, verduras y carne de pollo.

Cuenta que al mes destinan para suplir esa necesidad unos C$3,000 que resultan insuficientes.

Otro de los problemas que enfrenta la institución es el mantenimiento de la infraestructura antigua. La directora se preocupa porque tengan electricidad y que en el techo que no haya agujeros.

Problemas con sumideros

También, poseen serios problemas con los sumideros, ya que su mantenimiento les cuesta entre C$2,800 y C$3,200 por cada pipa que sacan.

“Una persona me hace el favor de cobrarme a un precio bajo y ese problema es cada mes o cada quince días. Y eso no está en el presupuesto”, indicó sor Teresa.

A esto se suma el pago de la planilla de 22 trabajadores y el pago del Seguro Social. Señala que pese a que hay ciertas instituciones que les ayudan con la planilla, pasan apuros.

Al costo de mantener el Hogar, sor Teresa agrega el de garantizar la atención médica que demandan los ancianos con enfermedades crónicas.

Según sor Teresa, los ancianos tienen su medicamento adecuado. El Ministerio de Salud ayuda “en lo que puede dar, con lo que tienen dentro de sus listas” y aquello que no pueden facilitarles lo asume el Hogar.

“Cada mes pago entre C$7,000 y C$8,000. Si yo tuviese más ancianos, ¿de cuánto sería la tasa de tratamiento?”, expresó la religiosa.

Anhela celebrar su cumpleaños

María Lucrecia Montenegro cumplirá 72 años el 2 de septiembre, y sueña con una fiesta de cumpleaños.

“En vez de una piñata, me gustaría pegarle la cola al burro, es muy divertido y más barato, porque no hay que comprar caramelos para echarle”, sonríe de manera pícara.

María Lucrecia agradeció el trabajo que hacen en el Hogar San Antonio, pues así se siente como en casa y tiene una gran familia, como llama a los otros “inquilinos”.