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En una silla mecedora, con su andarivel, cuidado por una de sus nietas y un poco apagado de ánimo, encontramos a don José Antonio Lazo Morales, de 89 años, compositor de la melodía Balada campestre.

Don José, víctima de una isquemia cerebral (ausencia temporal de sangre y oxígeno a un área del cerebro), que le provoca pérdidas ocasionales de memoria, nos contó que la idea de la Balada campestre surgió a principios de su carrera como compositor empírico.

Este granadino nacido el 28 de noviembre de 1922, en El Otro Lado, barrio que hoy se conoce como San Alejandro, confiesa que en ninguna etapa de su vida estudió música, a lo sumo asistió a escuelitas de primaria ubicadas en la plazoleta de Xalteva, de las que únicamente recuerda a un señor llamado Dionisio, y donde afirma aprendió lo básico.

Hijo de doña Julia del Carmen Morales Silva y de don Alejandro Lazo Reyes, fue su madre quien le inculcó el amor por la música. La particularidad de don José es que sus composiciones las hacía silbando o tarareando.

“¿Qué otra cosa, mi amor?”, dice con dificultad don José, queriendo continuar con la entrevista. Sin embargo, una de sus hijas, Marielos Morales Acevedo, accedió gustosamente a ayudarnos en la conversación con su padre.

Marielos cuenta que Balada campestre fue compuesta por su papá en 1956. Para entonces, la pieza musical solo tenía melodía, posteriormente compuso el poema, que se convirtió en la letra de la canción.

Don José, según su hija, cuenta con un repertorio de al menos 56 piezas musicales, donde se destacan “Los caprichos de la naturaleza”, “Sencillamente”, “No sé por qué” y “Balada azul”, con esta última rinde homenaje al centenario de la muerte de Rubén Darío.

Asimismo, compuso canciones para su musa, Granada, escribió un intermezzo a Lolita Soriano y Orquídeas Ninoska, que ejecutara el gran Rafael Gastón Pérez.

Hojalatero de profesión

Don José llegó hasta tercer grado de primaria. Toda su vida fue de trabajo, música y enamoradas.

Su primer trabajo lo realizó en el antiguo Instituto Nacional Agrario, mejor conocido como INA, donde laboró durante 20 años, para luego desempeñarse como hojalatero, durante 24 años en Molinos de Nicaragua, en Granada, donde elaboró canales con láminas de zinc hasta su retiro.

Debido a su largo trabajo de hojalatero, don José tiene problemas auditivos y padece alergias. En diciembre pasado sufrió una isquemia cerebral que lo mantiene a ratos bien, y en otras ocasiones mal, relata Marielos.

“Solamente te ve, no te habla; a veces te escucha, pero no responde”, explica, razón por la que no lo dejan andar solo por las calles de Granada, como hasta hace unos años acostumbraba hacerlo.

A sus 89 años depende de un oxigenador para el cerebro, control de presión, nebulizaciones, vitaminas y una dieta balanceada.

A veces, cuando está bien, don José tararea o silba su música, y hasta la baila, dice su hija.

Marielos expresa que el talento de su padre es algo nato que lo pudo desarrollar sin ayuda, sin escuela, sin instrumento.

Él escribía sus composiciones a mano, pero muchos años después, el músico René Marcia las transcribió, las pasó a un cassette y luego a CD.

43 vástagos

El compositor llevó toda una vida de bohemio enamorado, y aunque solamente tuvo una esposa, doña Yelba Acevedo, tuvo varias enamoradas y al parecer muchas aventuras.

Entre risas, Marielos menciona que don José tuvo al menos, 43 hijos, 20 de ellos fallecidos, y algunos ni siquiera son conocidos por la familia. “Su talento lo llevó a tener tantos hijos”, afirma en voz baja.

Su hija expresa que, ante todo, su padre siempre fue un amigo, de carácter llevadero, y tenía que serlo en una casa donde imperaba un sistema matriarcal, puesto que quien mandaba era su mamá, doña Yelba. “Se hacía lo que ella decía”, afirma.

Según cuenta Marielos, don José salía a las calles a poner serenatas, por lo que todos sus hijos nacieron y crecieron en un ambiente de solistas, dúos, tríos y cuartetos.

Actualmente, es cuidado por sus hijos, quienes atienden, entre las muchas visitas, a músicos que llegan solo para platicar con él y saber su estado de salud.

Entre galardones

Su carrera como compositor empírico ha sido reconocida en múltiples ocasiones, tanto nacional como internacionalmente.

Don José tiene un galardón de oro, otorgado por los diputados ante la Asamblea Nacional, fue homenajeado con la distinción “Fernando Gordillo” por el Centro Cultural en Granada, y ha recibido reconocimiento por parte de la Alcaldía de Granada y de la Asociación de Mujeres Hispanoamericanas.

También su legado fue reconocido por diversas asociaciones: Asociación de Artistas Nacionales, Asociación de Trabajadores de la Cultura, Festival de Marimbas, Asociación de Compositores y Autores Nicaragüenses, Asociación de Promotores de la Cultura, APC; Club de Leones y Movimiento Mundial Dariano, entre otros.

AN aprueba pensión

El 23 de junio de 2011, los diputados ante la Asamblea Nacional aprobaron una pensión de gracia para don José Antonio Lazo Morales, quien según el Diario Oficial La Gaceta del viernes 5 de agosto de 2011, corresponde a C$5,000 mensuales, en reconocimiento a su labor como compositor nicaragüense y a su aporte a la cultura nacional.

 

Otras composiciones de don José:

No sé por qué (música y letra)

Esclavo de su amor (música y letra)

Romance marino (música y letra)

Amor clandestino (música y letra)

Buenas noches, Señora mía (Poema compuesto a la Inmaculada Concepción de María)

Balada campestre (Poema posteriormente musicalizado)

Caprichos de la naturaleza (música y letra)

Balada azul

Lazos navideños (melodía)

Granadina consentida (música y letra)

Orquídea de Ninoska (melodía)

Inéditas:

Siluetas en el mar (música y letra)

Quimera de mi soledad (música y letra)

Aire de montañas (música y letra)

Susurros de amor (música y letra)

El chunche (música)

Intermezzo a Lolita Soriano (poema)

Otoño de Lolita (melodía poema)

Balada indígena ilusión (melodía)

La plegaria de la montaña (melodía y letra)

Cuarto menguante (música y letra)