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En el Triángulo Minero y Mulukukú, la realidad conspira contra la educación: niños y maestros asisten irregularmente a clases, porque muchos para llegar deben aventurarse a verdaderas odiseas en las que incluso se arriesgan a ser arrastrados por las fuertes corrientes de los ríos. Es frecuente que la pobreza determine el fin de la sacrificada rutina escolar.

“Juancito”, por ejemplo, tiene que dejar la cama a las dos de la madrugada y cabalgar cinco horas para llegar a tiempo a su escuela. En su trayecto cruza con cuidado el Río Wany, que en período de lluvia, como ahora, aumenta su caudal y la fuerza de su corriente. “Juancito” es de los niños que más faltan en su aula, cuando mucho llega tres días a la semana.

Y quienes viven en la zona de amortiguamiento de la Reserva de Bosawas, difícilmente algún día podrán recibir clases de lunes a viernes. Su única opción de estudio es el turno sabatino y para asistir emprenden caminata desde la medianoche del viernes, para estar a las ocho de la mañana listos para la clase.

Es por eso que cuando la lluvia arrecia y sobre todo cuando el trabajo aparece, el aprendizaje en la vida de pequeños como “Juancito”, de las comunidades rurales de esta zona de la Región Autónoma Atlántico Norte, pasa a segundo plano. Sus padres prefieren llevarlos a trabajar en las duras faenas de la agricultura y la ganadería, aunque eso frene su proceso de aprendizaje.

La profesora Guadalupe Méndez, que atiende a 27 niños de primer grado en la Escuela “Jesús de Nazaret”, de la comunidad Floripón, de Siuna, reconoce esos factores como los que determinan la permanencia de un niño en el colegio.

También la maestra Griselda García, directora del colegio sabatino Xilonem, de la comunidad El Hormiguero, ubicada a unos 16 Kilómetros de Siuna, donde atienden a las 16 comunidades del área de amortiguamiento de la Reserva de Biosfera Bosawás, señala que las largas distancias que tienen que recorrer los pequeños para ir a estudiar los desmotiva, y termina obligándolos a renunciar a la escuela.

Según la funcionaria, en el Xilonem este año se matricularon 432 estudiantes y a la fecha siguen 350. “Algunos han pedido ser trasladados a otros centros, pero otros se han retirado definitivamente”, refirió.

Maestros tampoco cumplen

El gran esfuerzo de los niños campesinos por asistir a la escuela muchas veces termina en frustración, por el elevado ausentismo de muchos maestros asignados a atender las escuelitas rurales.

En un recorrido realizado por diferentes escuelas, varios de estos centros estaban cerrados, en algunos casos no había alumnos, y al consultar argumentaron que el profesor no había llegado.

Las quejas de los padres de familia ante las delegadas del Ministerio de Educación, Mined, son continuas y algunos maestros están utilizando las radios locales para avisar que están enfermos y que no habrá clase.

Mejoran escuelas pero aulas siguen vacías

Aunque la infraestructura de unas 175 escuelas rurales en el Triángulo Minero y Mulukukú ha sido mejorada y fueron equipadas, buena parte de las aulas permanecen cerradas por falta de alumnos.

Las construcciones se realizaron con el 7.5 por ciento de las transferencias de las alcaldías, la contraparte del Ministerio de Educación y el apoyo en mano de obra de los padres de familia.

Matrícula se desgrana

En el Triángulo Minero y Mulukukú se reporta una sensible baja en la matrícula inicial 2012, que fue de 58,045 estudiantes. El abandono se concentra en las zonas rurales, según averiguaciones realizadas por El Nuevo Diario.

En el municipio de Siuna, con una matrícula inicial de 24,890 estudiantes, 2,604 han abandonado las aulas, siendo la mayoría de preescolar y los tres primeros grados de primaria.

Mulukukú, que arrancó con 10,245 estudiantes, es el segundo municipio con mayores niveles de deserción escolar pues se estima que 1,680 estudiantes salieron de las aulas.

Rosita, con una matrícula inicial de 12,738 alumnos, reporta que 104 han dejado los estudios.

En el Triángulo Minero solo en Bonanza se mantiene la matrícula inicial 2012, de 10,172 estudiantes.

Suficientes escuelas para matrículas

Según datos de organismos que trabajan en temas de educación en la RAAN, que pidieron no ser citados, la Delegación Departamental del Ministerio de Educación del Triángulo Minero y Mulukukú atiende a 767 escuelas, la mayoría en las comunidades rurales.

Siuna, que tiene una población de más 80 mil habitantes distribuidos en 205 comunidades, cuenta con 324 escuelas, Mulukukú con 172, Bonanza con 102, y el municipio de Rosita con 169 escuelas.

En modalidad sabatina, Siuna funcionan con 14 centros, de los cuales 13 se localizan en las diferentes comunidades y solo uno en el área urbana.

Mientras que Rosita cuenta con 12 sabatinos, Mulukukú tiene nueve, y el municipio minero de Bonanza solo cuenta con uno.