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Desde el año 2000, Jinotega viene mostrando avances en la tarea de lograr que el café no sea desgranado por manos de infantes. Organismos que han desarrollado programas para erradicar el trabajo infantil en las zonas cafetaleras hablan de resultados positivos, algo que secundan las autoridades de Gobierno, aunque no proporcionan sustento estadístico del seguimiento a ese problema.

“No contamos con cifras concretas de cuántos niños y niñas se han retirado del trabajo infantil en el municipio, de cuántos han incursionado al sistema escolar ni de cuántos están fuera de este”, señala Nereida González, Directora de Gestión de Conocimiento, de la Asociación de Educación y Comunicación La Cuculmeca.

Al margen de las cifras, haciendas cafetaleras como La Colonia, 32 kilómetros al noreste de la ciudad de Jinotega, ha sido reconocida por la decisión de prohibir la contratación de niños. En este lugar, los hijos de quienes cada temporada de corte se instalan para ganarse el pan, se integran en una pequeña escuela cuya manutención es asumida por el productor.

Entre abril y septiembre, 56 pequeños conforman el alumnado en modalidad multigrado en esa escuelita, pero de octubre a marzo unos 84 estudiantes son atendidos, mientras los adultos se internan en los cafetales.

Sandra Centeno es una de las tres maestras a cargo de este proyecto que además de contrarrestar el trabajo infantil busca que los niños no corten su proceso de aprendizaje y se frene la deserción escolar a causa de la migración durante los períodos de cosecha.

Un diagnóstico sobre la situación de educación en Jinotega, financiada con fondos del hermanamiento de Holanda con Jinotega, reveló en 2007 de una población de 37 mil menores de 4 a 12 años, 14 mil estaban fuera del sistema escolar.

Se cree que con los proyectos educativos en las fincas cafetaleras, esa cifra se ha reducido.

En temporada de corte, La Colonia recibe un promedio de 800 cortadores, y aquellos que llegan con menores, los dejan desde las cinco de la mañana hasta las seis de la tarde en manos de las educadoras.

En ocasiones los niños “tienen que sentarse en la mesa o en el suelo, no nos damos abasto con el mobiliario, hacen falta por lo menos unos 20 pupitres en cada sección, asimismo necesitamos que el Mined (Ministerio de Educación) nos dote en esa época de más materiales educativos”, enfatizó Centeno.

Una experiencia similar se repite en la finca Santa Maura, donde desde hace 12 años no se permiten niños en el surco, según afirma su propietario, Jorge Armando Chávez.

“Tenemos 12 trabajadores entre personal de cocina, educadores, personal de salud y profesores de deportes, para que atiendan a alrededor de 130 niños y niñas, se les organizan además paseos, cuenta. Santa Maura es parte del proyecto Puentes Educativos que varias fincas de la zona están adoptando, reconociendo el derecho de los niños al estudio y, además, el beneficio que representa para su producción el que sea reconocida como “libre de mano de obra infantil”.

Jinotega da el ejemplo

De acuerdo con la ministra del Trabajo, Janeth Chávez, Jinotega es ejemplo en la lucha contra el trabajo infantil explotador. Dijo que desde 2007, contabilizan 4,300 actas en las que los productores se comprometen a no emplear niños, “siendo en su mayoría de cafetaleros jinoteganos”, afirmó.


Trabajo limita aprendizaje

40% de la población escolar del área rural de Jinotega presenta extraedad, es usual que los menores debuten en la escuela entre los 7 y 11 años.
23 fincas instalaron escuelitas como parte del proyecto Puentes Educativos, que este año aspiraba llegar a las 40.
65 mil menores trabajan anualmente en los cafetales jinoteganos, llegan de diferentes
puntos del país.
30 escuelas organizadas en 13 núcleos educativos rurales fueron atendidos bajo el proyecto de erradicación del trabajo infantil.
De 4,500 niños y adolescentes trabajadores que cubrió La Cuculmeca, lograron retirar a  2,766.

 

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