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La red de distribución de agua potable de la ciudad de Rivas, de tan obsoleta, es uno de los principales “dolores de cabeza”, tanto para la municipalidad como para las autoridades locales de la Empresa Nicaragüense de Acueductos y Alcantarillados, Enacal, y sus habitantes.

Las fugas que ocasionan desperdicio de agua y el daño de las calles a consecuencia de esto es algo incontrolable.

El problema es que la vieja red data de hace más de 50 años y no tiene capacidad para soportar la presión a la que es sometida debido al crecimiento de la demanda.

De acuerdo con registros oficiales de Enacal-Rivas, los moradores de Rivas son abastecidos con agua de seis pozos ubicados en el municipio de Buenos Aires, en el sector conocido como Chatilla.

Eso significa que para cubrir las 16, 800 conexiones domiciliares legalmente registradas, el líquido se lleva por medio de una red de 43.3 kilómetros, de los cuales la mitad son tubos de asbesto-cemento que fueron instalados cuando el servicio de agua potable se inauguró en esta ciudad, en la década de los 60.

Como es de esperarse, la vieja tubería atraviesa el centro de la ciudad, que es el sector donde inicialmente llegó el vital líquido. Allí, según los estudios de la empresa aguadora, 16 kilómetros de tubería son los que con mayor frecuencia colapsan y hacen expulsar el agua hacia la superficie. Eso solo deja gastos, sostienen autoridades de la comuna.

Reparar sale caro a la alcaldía

Según datos de Enacal-Rivas, cada 15 días reportan un mínimo de tres fugas de agua. Sin embargo, en la Oficina de Servicios Municipales de la comuna hablan de 30 casos.

Mario Montiel, Director de Servicios Municipales, explicó que Enacal asume la reparación de la fuga, y la municipalidad el daño a la red vial. Estima que al mes pierden unos C$21,000 en reparaciones, y eso, reciclando materiales y sin pagar mano de obra.

Añadió que las aperturas ocasionadas en las calles del centro de la ciudad por las fugas son de un metro, pero “afectan una área de 4 a 6 metros cuadrados ya que la humedad y el tráfico de los vehículos van aflojando el adoquín, y se tiene que trabajar en toda esta área, para cerrar el hoyo, reacomodar el adoquín y compactarlo”.

Red no aguanta presión

La explicación que dan funcionarios de Enacal es que estos tubos, además de antiguos, no tienen capacidad para soportar la presión a que son sometidos por el caudal de agua de los pozos actuales.

“Cuando fueron instalados estos tubos de asbesto-cemento, el agua que circulaba por ellos no los sometía a las grandes presiones de la actualidad, y por eso ahora se debe estar pendiente a no someterlos a grandes presiones, porque si no se revientan”, detalló uno de los funcionarios.

Explicó que inicialmente la ciudad se abastecía extrayendo agua de cinco pozos ubicados en el barrio San Francisco, en el sector conocido como Los Pocitos de INAA, y que ni entre todos tenían el caudal de los que actualmente abastecen Rivas.

“Por eso, al crecer la ciudad los pozos eran improductivos y se fueron perforando nuevos pozos, hasta llegar en los años 70 a Chatilla, donde hay pozos que producen 600 galones por minuto, y el que da menos es de 200 galones por minuto y el de Los Pocitos daba 50 galones por minuto, y esto refleja la presión a la que es sometida esta vieja red”, detalla.

Trayectoria del agua

Desde los seis pozos de Chatilla el agua es transportada por dos tuberías madres, una que ya fue sustituida por un tubo de PVC de 8 pulgadas, que se destina para trasportar el vital líquido de los pozos 6 y 7.

El otro tubo de 12 pulgadas, que ha logrado sobrevivir al paso de los años, se encarga de trasladar el agua de los otros pozos.

El recorrido de los dos tubos es de seis kilómetros hasta el tanque de Los Pocitos de INAA, con capacidad para 250,000 galones.

De allí se alimenta a otros dos tanques ubicados en el barrio “José Esteban Corea”, que suman una capacidad de almacenaje de 380,000 galones, y cuya función es llevar el agua a los barrios bajos, donde se ubican la mayoría de las nuevas conexiones.