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LAS MINAS

Sin titubear y sin pensarla dos veces, la reparación de doce kilómetros de camino es el principal deseo que le pedirían al genio Aladino, si por un instante esta leyenda árabe llegara ser real, y si entre las lagunas y concentrados de lodo de la vía, la población mayangna de Wasaking (Rey de Río) --la primera tribu asentada en el sur de Rosita, en la Región Autónoma del Atlántico Norte-- encontrara la mágica lámpara.

Este histórico pueblo de la rama lingüística twahka, con poco más de dos mil habitantes, desde hace diez años clama la rehabilitación del único camino de acceso que tiene, pero sus voces parecen no escucharse o ignoran su demanda, a pesar de que la misma es anotada como promesa durante las campañas electorales.


Discriminación
Sus habitantes dicen que a la vista se evidencia la discriminación hacia ellos de parte del gobierno local y de las autoridades regionales, pues éstos muestran mayor preocupación en proyectos de penetración y de reparación de caminos en zonas recién pobladas por foráneos, y dejan en el tintero las arruinadas vías que conducen a las comunidades indígenas.

Ver a familias de Wasaking caminando con botas de hules, cargando agua en galones, y llegar sudadas a la ciudad Rosita, se ha vuelto común, ante la imposibilidad de que algún medio de transporte circule por los infernales “pegaderos” que se han creado sobre la vía.

Debido al estado intransitable del camino de Rosita a Wasaking, a las familias nativas se les dificulta todo. Sus ingresos económicos han disminuido ante lo difícil que es para la comunidad trasladar y comercializar sus productos, entre ellos los muebles y objetos de bambú que elaboran muy bien, sobre todo los confeccionados por un colectivo de mujeres organizadas.

Tampoco los hombres pueden comercializar el recurso forestal que aprovechan --principal rubro de subsistencia en el lugar-- ni la producción agrícola.

Hasta un cuaderno y un lápiz para que el niño o la niña escriba lo que el maestro dicta les es difícil conseguir a las familias de este pueblo mayangna, ya que tienen que ir a comprarlos a Rosita, y el camino está destruido.


Servicios inexistentes
En esta comunidad no hay una sola pulpería, tampoco hay energía eléctrica, y la señal del servicio de comunicación celular es inexistente. Wasaking parece ser un mundo aparte. Una de las mayores preocupaciones de esta comunidad y de las poblaciones vecinas es que la asistencia médica es inexistente en casos de emergencia.

En su iglesia morava y en sus casas de madera y tambo oran para que ninguno de sus habitantes se enferme de gravedad, pues eso significa una fatalidad, al no haber la manera de trasladar a la persona al hospital de la ciudad.

“Esperamos que no haya casos de emergencia, porque entonces habrá luto y dolor en nuestra comunidad”, anotó Justo Simmons Thomson, uno de sus líderes.

Simmons agrega que viven en una situación sumamente crítica, y dice que en esas condiciones (de abandono) a ellos les es difícil imaginar una sociedad justa, con derechos a equidad en inversiones y en programas de desarrollo social.