Máximo Rugama
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Una joven madre, quien durante casi una década se desempeñó como “cadete” de taxi, en esta ciudad, se vio obligada a dejar el timón por cuestiones de salud y asuntos familiares.

Ella es Perla Marina Rayo, quien con su trato cortés incuestionable siempre cautivó a sus pasajeros.

Sus pasajeros, como María Matey, siempre dijeron que se sentían más seguros con la joven madre al frente del volante que con un varón. “¡Sin molestar al sexo opuesto!, por supuesto”, aclaró sonriente.

En la próxima Navidad, quienes la conocieron de cerca y gozaron de su trato amable y de su servicio de calidad al conducir, sin duda que la extrañarán.

Ella es miembro de una familia de trabajadores del volante. Su papá emprendió el camino décadas antes, ahora, por cuestiones de salud y para darle paso a la nueva generación se tuvo que retirar de esta labor.

No obstante, Perla Marina Rayo dice que siempre añora su trabajo. Su esposo, Augusto César Gadea, es también un profesional del volante, y asegura que se mantiene en esa tarea.

Ahora el automotor con que trabajó varios años está a cargo de un hermano menor.