Jorge Eduardo Arellano
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Más de mil traslados de pacientes, 87 accidentes de tránsito, 79 enjambres de abejas africanas, 51 fuegos de monte y 16 incendios fueron atendidos por los miembros de la Asociación Civil de Bomberos Voluntarios de Granada durante el pasado 2008. El recuento lo hizo el comandante Roberto Lanzas Pérez, quien aseguró que las atenciones se efectuaron con muchísimas limitaciones económicas y materiales.

En los últimos meses del año anterior el trabajo de los apagafuegos se extendió a actividades privadas como alquiler de las ambulancias y de camiones con el propósito de recaudar fondos para la manutención del cuartel, incluyendo los gastos por los servicios de agua potable, energía eléctrica, teléfono y  alimentación, entre otros.

Pudo más la necesidad

“Nosotros no podemos cobrarle a las personas por el servicio que les brindamos porque es completamente gratuito, pero la necesidad ha hecho que busquemos formas de subsistencia, además que con las alzas del combustible los gastos aumentan bastante”, manifestó Lanzas Pérez.

Aunque los bomberos de “La Villa” como se les conoce popularmente, en ocasiones reciben donaciones de algunos organismos y personas del departamento, no cuentan con un presupuesto fijo mensual,  por lo que han tenido que suprimir la satisfacción de algunas necesidades básicas.    
Estirando el presupuesto
El presupuesto refleja un gasto de treinta mil córdobas en combustible, 22 mil en ayuda económica, 15 mil en alimentación, diez mil en reparaciones mayores y menores, y tres mil en pago por los  servicios de energía eléctrica, agua potable y teléfono.

“Tratamos de llevar un registro de todas las salidas y las actividades que cubrimos, de los ingresos y egresos para rendir cuenta a quienes nos apoyan. Damos una ayuda económica a los trabajadores permanentes y alimentación a los voluntarios, porque no tenemos para darles un salario”.

Por su parte, el oficial de bombero David Reyes, quien durante cuatro años se ha destacado en su labor de servicio, comentó que le ha tocado vivir momentos de mucha necesidad en los que ha tenido que improvisar en la creación de instrumentos de trabajo.

“En una ocasión tuvimos que cortar la rama de un árbol y hacer una férula para un pie quebrado. Ahora lo que hacemos es ir a las carpinterías a ver si nos regalan pedazos de madera para hacerlas nosotros mismos”, dijo.

Para el rescate de personas y la recuperación de cadáveres en agua, los bomberos tampoco tienen los medios necesarios. El trabajo de buceo lo hacen sin tanques, sin lentes y sin máscaras, y durante la época de verano la labor es a costa del sacrificio de sus pulmones. “Pero tenemos que hacerlo”.   
Sin embargo, Reyes lamentó que el trabajo bomberil es poco apreciado y, por el contrario, es criticado severamente. Una de sus grandes decepciones se la llevó a inicios de este 2009 cuando trataba de rescatar el cuerpo de una niña de siete años que había sido violada, asfixiada y lanzada al fondo de una letrina.

Al  oficial le tocó entrar a la letrina de cinco metros de profundidad y amarrar el cadáver a un mecate para luego ser halado por sus compañeros que estaban en la parte superior. “Ese día me quitaron el ánimo de seguir sirviendo voluntariamente. Se expresaron de forma que me entristeció y por un momento me pregunté si valía la pena dar la vida por alguien”.

Y es que, según Reyes, los pobladores arremetieron contra los bomberos, los agredieron física y verbalmente porque supuestamente habían ayudado a salir ileso de la vivienda al asesino de la pequeña, cuando la intención real era sólo servir. No obstante, a un mes de ese suceso, tanto él como Lanzas Pérez cuentan que quieren continuar sirviendo y ayudando a quienes más lo necesiten.