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La misión técnica de Taiwán en nuestro país, sigue aportando transferencias tecnológicas para mejorar la producción agropecuaria, pero además sirve como mediadora para que las instituciones financieras sigan apoyando al sector organizado en cooperativas.

Una de estas cooperativas que recibe cooperación de la Misión Técnica de Taiwán, es la “Mario Dávila Molina” de San Isidro, la que estuvo a punto de vender sus tierras, ya que no podían cumplir con los créditos financieros, a lo que se agregaba la indisciplina laboral de los socios.

Enrique Mendoza, Presidente de la cooperativa, señaló que en 1984 recibieron las tierras a través de Reforma Agraria tras varias gestiones, cuando les entregaron los títulos donde aparecen como dueños de 259 manzanas.

Al inicio recibían financiamiento del entonces Banco Nacional de Desarrollo, pero cuando asumió doña Violeta comenzó el endeudamiento de la cooperativa, ya que no habían préstamos.

En espiral, casi al fondo

“La cooperativa caía en espiral con pérdidas constantes, que empeoró con el huracán Mitch, cuando el 80 % de nuestros ingresos quedaron en pérdidas; desde esa fecha no levantamos cabeza hasta en el año 2007. Un factor que nos afectó fue no usar semilla certificada, no había control en épocas de siembras, había altos costos de producción y la cosecha era mal vendida, todo eso nos llevó al borde del precipicio”, aseguró Mendoza.

Con la ayuda de la Misión Técnica de Taiwán, la cooperativa “Mario Dávila” ahora cuenta con 140 manzanas para siembra de arroz, actualmente libres de maleza como el arrocillo, con riego adecuado y el uso de semilla certificada que garantice una producción de calidad y rendimiento excelente.

Hablan los socios

Antolín González Sánchez, socio, dijo que antes tenían un mal sistema de trabajo, ya que entraban tarde y salían temprano, que no beneficiaba para levantar la producción. “Con la Misión Técnica cambiamos la relación laboral, entramos a las 6 de la mañana y salimos a las 12 del día, ya que trabajar hasta la cintura de agua no es fácil, pero hay más disciplina laboral que nos hará salir adelante”, aseguró el cooperativista.

César Iván Gutiérrez, fundador de la cooperativa, señaló que comenzaron en 1982, “primero alquilando y después a trabajar en lo propio, ya que eran tacotales, (rastrojos), limpiamos la tierra y como no teníamos maquinaria, lo hacíamos con machetes, palas y azadones. Hubo momentos que se pensó parcelar la tierra y entregarle su parte a cada socio, después que era mejor venderla, al final no se hizo ninguna de las dos cosas y ahora con ayuda de la Misión de Taiwán, estamos saliendo airosos”.

“Hay entusiasmo”

El ingeniero William Fang, a cargo de las transferencias de las nuevas tecnologías de producción, señaló que ha visto entusiasmo entre los socios, tanto para apropiarse de las técnicas como para mejorar la disciplina laboral.

Por su parte el ingeniero Francisco Wang, Director de la Misión de Taiwán en nuestro país, dijo que esta cooperativa tiene ahora maquinaria, una bodega y cinco miembros de la misión están trabajando en el aspecto de comercialización, enfatizando que lo importante es que Nicaragua haga uso de semilla certificada de arroz para mejorar la calidad y los rendimientos del rubro.