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La situación de abandono, desinterés y apatía en que se encuentran muchos ancianos del departamento de Granada fue abordada por el doctor Milton López Norori durante una visita que realizó al hogar “La Providencia”, donde gestionó la llegada de una brigada médica norteamericana para que atendiera las necesidades de salud y recreativas de más de cincuenta personas que ahí permanecen.

La decisión de prestar atención a este grupo de la población surgió, según el doctor, de un aparente descuido que están sufriendo muchas personas al llegar a la tercera edad. “Quiero decir que el envejecimiento debe considerarse un logro mundial, porque significa que la persona logró resistir a las adversidades de la vida, no sólo en el área socioeconómica, sino también en cuestiones de salud física”, expresó el especialista.

Según él, lo que contradictoriamente está sucediendo es que algunos hijos están perdiendo el interés por la salud y el bienestar de sus padres, al punto de permitirles sufrir necesidades básicas como vivienda y alimentación. Una probable explicación, dijo, puede ser que la vejez de forma tradicional y errónea ha sido considerada sinónimo de inutilidad, enfermedad y discapacidad.

Empezamos a envejecer

Lo interesante y poco conocido es que la Comisión Económica Para América Latina (Cepal) determinó que aquel país cuya población con 60 años y más, represente más del cinco por ciento, puede considerarse una nación que ha empezado a envejecer, “y resulta que según el último censo del 2005 la población de Nicaragua con 60 años y más representó el 6.2 por ciento, es decir, que nosotros ya estamos dentro de los países con un envejecimiento incipiente”.

En 2005 ese 6.2 por ciento significó 320 mil hombres y mujeres que tenían 60 años y más. Al respecto, López Norori manifestó que las demandas en salud aumentaron considerablemente por los padecimientos de artritis, presión arterial y diabetes, de forma similar incrementaron las demandas públicas de vivienda, agua potable y energía eléctrica, que en gran medida no han sido atendidas.

“Además, recuerdo que cuando nosotros éramos pequeños se nos inculcaba el respeto a las personas mayores, pero ahora yo veo que los jóvenes e incluso los niños irrespetan a los adultos, los pueden ver cruzando la calle y no toman la iniciativa de ayudarles o los ven de pie en los buses y no les dan asiento”, apuntó.

Por su parte, la directora de “La Providencia”, Sor Adilia Vázquez, comentó que la mayoría de los cincuenta y dos ancianos residentes en el hogar fueron abandonados por sus familiares. “Hemos recibido ancianos cuyos parientes no pueden atenderlos porque trabajan demasiado o porque no tienen recursos para satisfacer sus necesidades elementales. Aquí tratamos de darle lo mejor que tenemos”.

En concordancia con el doctor, la directora manifestó que los adultos constituyen un grupo muy vulnerable y al deambular por las calles de la ciudad colonial están expuestos a ciertos peligros. “Precisamente un día de éstos recogimos a dos ancianos que estaban tirados por el Parque Central y la Catedral, unas personas ya habían venido a interceder por ellos porque tenían tiempo de andar de un lado para otro”, expresó.

La dificultad para la casa-hogar surge cuando se presentan las enfermedades y las recetas médicas que mensualmente rondan los seis mil córdobas, no pueden ser cubiertas. Esa situación y el hacinamiento están obstaculizando la buena labor que desde años vienen haciendo las religiosas.