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La destrucción y el tráfico ilícito del que están siendo víctimas los bienes culturales del archipiélago de Zapatera, San Pedro de Malacatoya, San Juan del Mombacho y Villa Tepetate en el departamento de Granada, son causa de seria preocupación para autoridades del Instituto Nicaragüense de Cultura, INC.

A ello se han unido otras voces gubernamentales, quienes critican la falta de protección del acervo patrimonial. Dijeron alarmarse porque cada vez son más personas las que se dedican a la destrucción de los sitios arqueológicos, con el afán de extraer piezas para venderlas.

“Los huaqueros” como se les conoce popularmente a estos saqueadores, en su intento por desenterrar una determinada pieza, dañan el contexto arqueológico. “El contexto nos sirve para la reconstrucción de la historia de nuestros antepasados y poder llenar lagunas que existen actualmente. El porqué somos y nos identificamos como nicaragüenses”, manifestó la responsable de arqueología de la Dirección de Patrimonio Cultural, arquitecta María Lily Calero.

Uno de los ejemplos que ilustró Calero se produjo en la comarca San Pedro de Malacatoya, a unos seis kilómetros de la ciudad de Granada, donde “Los huaqueros” solamente dejaron restos de conchas y contaminaron la ubicación espacial de las piezas que ahí se encontraban. “En este lugar nosotros perdimos la oportunidad de conocer cómo vivían sus comunitarios, qué comían, cómo era su forma de vida, y cómo subsistían”, dijo Calero.

Aunque pudieron rescatar parte de la información, los estudiosos perdieron la posibilidad de construir un museo de sitio, debido a que las piezas continúan desaparecidas y se desconoce la identidad de los responsables.

También daños a inmuebles

El daño a los bienes culturales e inmuebles es otro de los problemas constantes. Granada es el segundo departamento del país con mayor concentración de este tipo de bienes con cien edificaciones y un sitio histórico. Dentro de esa lista, sobresale la hermosa arquitectura habitacional, religiosa, civil y militar.

No obstante, ese privilegio no ha sido suficiente para evitar los daños causados por los agentes naturales, las alteraciones en la concepción espacial original, en sus formas y estilísticas y de los elementos constructivos que constituyen las edificaciones, estas últimas causadas principalmente por el hombre.

Un ejemplo de ello, es el uso de materiales no compatibles con el sistema constructivo original y la incorporación de elementos ornamentales ajenos al entorno.

Este tipo de daños son visibles en los históricos muros de Xalteva y en residencias ubicadas en la calle que lleva el mismo nombre, en calle La Libertad, en algunas iglesias y en edificios comerciales. Al respecto, la arquitecta Ayzel Palacios no dejó pasar la oportunidad para denunciar el saqueo que sufrieron las instalaciones de lo que fue el hospital San Juan de Dios, víctima de antisociales.

Marco legal

Las medidas legislativas contra el tráfico ilícito de bienes culturales fueron tratadas por el coordinador del Proyecto de Inventario Nacional de la Dirección de Patrimonio Cultural, Bayardo Rodríguez, quien partió diciendo que todos los países sufren este problema.

“En 20 años Italia reportó la pérdida de 253 mil objetos culturales; en 1993 la República Checa reportó la pérdida del diez por ciento de su patrimonio cultural; y Nauru, perdió el ciento por ciento de sus recursos”, lamentó.

En el plano nacional y entre las principales normas jurídicas de protección, Rodríguez mencionó la Constitución Política de Nicaragua que en su artículo 28 habla de la obligación del Estado a proteger el patrimonio histórico, arqueológico, lingüístico, cultural y artístico de la nación.

“Tenemos además, la Ley de Protección al Patrimonio Cultural de la Nación y la convención de la Unesco de 1970, sobre las medidas que deben adoptarse para prohibir la importación, la exportación y transferencia de propiedad ilícita de bienes culturales, entre otros acuerdos internacionales”, mencionó.

El coordinador especificó que los afectados por el tráfico ilícito de bienes culturales generalmente son los países pobres que poseen una gran riqueza cultural, escasa conciencia pública y pocos mecanismos de control, entre ellos México, Perú y Nicaragua.

Según el funcionario, esta atractiva industria, genera anualmente un billón de dólares en el mundo.