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BOSAWÁS
Nicaragua es un país privilegiado, debido a su inmensa reserva, la cual garantiza oxígeno limpio a los centroamericanos y al resto del mundo, por ello en un inicio se le llamó el pulmón de Centroamérica, y su hermosa belleza natural ha sido cuidada durante siglos por miskitos y mayangnas.

Ante tanta majestuosidad, en el mes de octubre de 1997 la organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) la declaró Patrimonio de la Humanidad y Reserva de Biosfera.

Debido a su riqueza natural inigualable, esta inmensa selva virgen compuesta por 20 mil kilómetros cuadrados, es merecedora del título de Reserva de Biosfera.

Bosawás posee el bosque tropical más grande y mejor conservado de Centroamérica, tiene más de 270 tipos de plantas con atributos alimenticios, ornamentales y medicinales; según los últimos estudios realizados, en ellos existe una preciosa y rica fauna compuesta por unas 200 especies de vertebrados e invertebrados, entre los que se encuentran quetzales, guacamayas escarlatas, águilas arpías, tucanes, pumas, jaguares, dantos, chancho de monte, sahínos, entre otros animales, de los cuales muchos sirven de alimentos para los indígenas.

Lucha contra el
hambre y la miseria
A pesar de la riqueza natural de esta reserva, sus habitantes nativos (miskitos y mayangnas) han tenido que enfrentarse a la miseria y luchar día a día contra la pobreza extrema que los amenaza y el olvido de los gobiernos que por muchos años sólo se han dedicado a destruir los inmensos bosques al autorizar permisos de aprovechamiento forestal para talar grandes extensiones de árboles, principalmente en la década del 90.

Los indígenas, para sobrevivir, tienen que enfrentarse a enfermedades, falta de atención médica, falta de escuelas, y en las que existen, escasez de agua potable y letrinificación, lo que afecta aún más la deteriorada vida de estas comunidades, pero, a pesar de todo, cuidan la reserva que les dejaron sus ancestros.

Primitivo Centeno, dirigente miskito de la organización Miskito Indian Tasbaika Kum, señaló que antes la reserva comenzaba desde el primer pueblo sumo, conocido como Sumotine, la pasaba el río Coco y terminaba en Bocay, además disfrutaba de las aguas del río Bocay y del territorio de Ayapal, ahora municipio de San José de Bocay.

Asimismo, afirmó que en los años ochenta, muchos indígenas emigraron a Honduras a causa de la guerra, en especial después de la tragedia de Ayapal, en la que murieron 75 niños y nueve madres. Cuando finalizó la guerra y comenzaron a regresar a sus tierras, los mestizos del Pacífico, influidos por los gobiernos de turno, comenzaron a invadir sus tierras y a desbaratar la reserva.

La Reserva de Biosfera Bosawás es compartida por los departamentos de Jinotega, Nueva Segovia y la Región Autónoma del Atlántico Norte, en los municipios Siuna, Rosita, Bonanza, Waspam, Wiwilí y San José de Bocay.

Qué ha pasado
diez años después
Los indígenas han sobrevivido gracias a la ayuda internacional, siendo uno de los principales colaboradores el Centro “Alexander Von Humboldt”, que ha contado con el apoyo de la Real Embajada de Dinamarca, a través de la agencia de cooperación Danida, la Unión Europea y Oxfam Internacional, para realizar acciones que han sido reconocidas y agradecidas por los propios dirigentes indígenas, como Marcos Serapio, de Raití; Primitivo Centeno, de San Andrés de Bocay, y Juan Pablo Cruz, de Amak.

El ingeniero Víctor Campos Cuba, Subdirector de esta organización nacional creada sin fines de lucro, en un reciente foro realizado en el municipio de Wiwilí en celebración de los diez años del reconocimiento de la Unesco a Bosawás como Reserva de Biosfera, señaló que llevan quince años trabajando en las comunidades miskitas, mayangnas y campesinas, por medio de la ejecución de proyectos y fortalecimiento del desarrollo económico de la población que habita en la reserva y las zonas de amortiguamiento.

Después del Mitch
Entre algunos proyectos ejecutados por el Centro Humboldt en las comunidades indígenas está la rehabilitación de infraestructuras comunitarias en los territorios miskitos y mayangnas después del huracán Mitch, donde están diez escuelas primarias, tres casas comunales, tres oficinas para las organizaciones, seis sistemas de agua potable y saneamiento y un puente colgante, proyectos que se ejecutaron desde 1998 hasta 2002.

Desde 1999 hasta 2005 se ejecutó el proyecto de desarrollo sostenible y manejo de los recursos naturales de la Reserva de Biosfera de Bosawás, ejecutado con el financiamiento de la Real Embajada de Dinamarca, que benefició a 13 mil indígenas. Este proyecto abarca la contribución a la titulación de los dos territorios indígenas, amojonamiento de los límites de los territorios, interrupción del avance de la frontera agrícola, contribución a la conservación de mil 707 kilómetros cuadrados de bosques, instalación de 25 radios de comunicación HF, becas para 20 estudiantes de secundaria y seis universitarios; en total se ejecutaron más de cien proyectos en 39 comunidades indígenas.

Entre 2006 y 2007 se ha realizado otra serie de proyectos con apoyo de Danida, Unión Europea y Oxfam Internacional, entre los que están la instalación de 135 mojones, la conformación de 103 guardabosques, 63 para el núcleo de la reserva y 40 para las zonas de amortiguamiento, la entrega de 3 mil 913 quintales de alimentos, beneficiando a 16 mil 396 personas de 54 comunidades, entre otros proyectos de suma importancia para los pueblos indígenas y mestizos que habitan en la Reserva de Biosfera Bosawás.

Humboldt no sólo se ha preocupado por el desarrollo económico y social de los pueblos miskitos y mayangnas, sino también por que éstos tengan las herramientas básicas para enfrentar los fenómenos naturales como el recién pasado huracán “Félix”, por lo que se conformaron dos Comités Municipales de Prevención de Desastres (Comupred) en Wiwilí y San José de Bocay, y 22 Comités Comunales de Prevención de Desastres (Cocopred) en los territorios Miskito Indian Tasbaika (MITK) y Mayangna Sauni Bu (MSB), siete comités zonales, los que sirven como enlaces entre los Cocopred, y se reconstruyeron las infraestructuras donde funcionan los Comités de Emergencias (Code) y el transporte acuático.

También en estos diez años el Marena ha venido trabajando para proteger la reserva de Bosawás. Según Jacobo Sánchez, de Marena-Setab, han logrado reducir los incendios forestales, de 900 que se dieron en 2005, a sólo 140 en 2007; detener el avance de la frontera agrícola y la puesta en función de ocho puestos de control en los municipios de Waspam, Bonanza, Siuna, Waslala, Cua, Bocay y Wiwilí, y patrullas sobre la reserva en coordinación con la Policía y el Ejército de Nicaragua, finalizó.