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LAS MINAS

Quienes consiguen dinero fácil, distribuyendo drogas a granel, en este caso, en siete municipios que forman el Caribe Norte, sólo les hace falta anunciar el producto natural y químico mediante altoparlantes o radios locales.

Andan como Pedro por su casa, en carros, motocicletas, bicicletas, a pie, y se les ve más en las discotecas, juegos de azar, esquinas, mercados, gasolineras, cerca de iglesias, y colegios cuando se está en el ciclo de estudio.

Incluso pasan frente a las delegaciones policiales, ven con reojo y bastante serios a oficiales que les clavan la mirada en son de sospecha, pero hasta ahí.

Vertiginosa proliferación

Los expendios de droga en esta zona del Caribe proliferan a razón de cuatro y cinco por barrios de unas 200 casas, más que pulperías, puestos de salud y escuelas juntas.

El servicio a domicilio es una modalidad frecuente sobre todo en Bilwi, Waspam, Bonanza, Rosita, Siuna y Mulukukú. El cliente consumidor pide por celular cierta cantidad de droga a su abastecedor, y éste a través de motocicletas le entrega lo solicitado en términos de minutos.

Se observa que el consumo de droga y la adicción han aumentado de manera alarmante en esos municipios del Caribe, considerados en el mapa en extrema severa. La población se encuentra sumamente preocupada, ya que ese negocio está destruyendo vidas y hogares.

Droga circula libremente

Como consecuencia de esa realidad, expuestas por la ciudadanía en foros, consejos de seguridad y convivencia, y cabildos municipales, se observan deambulando, imaginando, divagando, trastabillando y con los ojos medio cerrados a personas jóvenes y adultas, que se han vuelto adictas a estupefacientes, psicotrópicos y otras sustancias controladas.

La marihuana, el “crack” y la cocaína pura, es la droga que más se comercializa y consume en la región. “La usamos para sentirnos bien, para imaginarnos un mundo sin problemas, nos da ánimo de conversar de manera alegre y nos ‘fundimos’ para que pase el día más rápido”, confiesa en su mundo irreal un infeliz joven delgado de 17 años, en el instante que hacía piruetas.

“Sólo es buscar el dinero…”

Según el joven consumidor, por drogas no se preocupan, pues, “abunda por todos lados, en cualquier barrio y en las calles, sólo hay que tener el billete” revela.

Dice que cuando la droga la necesita y no tiene dinero, entonces roba a sus padres, a vecinos y al que encuentra a su paso.

De los expendios y “pucheros”, la gente del lugar los identifica perfectamente, incluso a sus consumidores, pues, en pueblos pequeños, todos y todas se conocen.

Algunas personas se han tomado el riesgo de informar con detalles sobre esa ilícita actividad a la Policía Nacional.

Planes contra expendios

Esta institución ha llevado a cabo planes contra expendios de drogas, pero para nadie es un secreto que antes de ejecutar la operación o misión, los expendedores lo saben con anticipación.

Quizás esa es la razón, por la cual, en la mayoría de los casos, que allanan supuestos expendios no encuentran la droga, el cuerpo del delito o la prueba, que sustenta una acusación ante un juez.

¿Tendrán los expendedores y traficantes infiltrados en la Policía Nacional?, esa es la pregunta que tienen que hacerse los máximos jefes de esta institución y dilucidarlas conforme a sus propias investigaciones internas.

Producto de abandono
y valores morales
Lo que sí está dilucidado es que algunas causas que conducen al consumo de droga, están asociadas a experimentos o experiencia meramente personales, abandonos, influencias externas, factor social y falta de proveer valores morales.

Los efectos del consumo de droga, como por ejemplo la marihuana, el “crack” y la cocaína, que comúnmente es fumada e inhalada en el caso de la última, da resequedad en la boca, los ojos se ven rojos, uso de razón limitada, razón del tiempo y percepción alterada, desconcentración, paranoia, ataques de ansiedad, dificultad con el habla y de asimilar información nueva, reducción de la memoria, y se pone poca atención.

Igualmente provoca que el paso lento, pupilas contraídas, párpados perezosos, problemas con la visión nocturna, adormecimiento, depresión respiratoria o falta de respiración, resequedad de la piel e infecciones epidérmicas.