Heberto Jarquín
  •  |
  •  |
  • END

Corn Island

35 socios de la Cooperativa Don Hintin que se dedican a la pesca artesanal de langostas en el municipio caribeño de Corn Island, piden la asistencia gubernamental para impedir la quiebra de este importante sector de la economía local.

El presidente de la Cooperativa Don Hintin, Eugenio Dixon, informó que el principal problema que enfrentan es la caída del precio de la langosta y los altos costos de operación, ocasionados principalmente por las alzas constantes del coste del combustible.

“Resulta que una libra de langosta la vendemos en 154 córdobas y compramos el  galón de gasolina a 85 córdobas y 80 el litro de lubricante que usan las pangas; a eso le tenés que sumar el pago de trabajadores, compra de hielo, depreciación del motor fuera de borda y otras inversiones”, explicó Dixon.

Escollos

Dixon señala que a la caída del precio internacional de la langosta se agrega la ganancia de los intermediarios que le compran el producto a los recolectores del crustáceo y después lo venden a las empresas exportadoras.

Otro contratiempo que han tenido los pescadores artesanales de Corn Island fue el clima. Eugenio Dixon afirma que el huracán Ida que azotó la región el año pasado y el frente frío de inicios de año provocaron fuertes corrientes marinas que echaron a perder una gran cantidad de nasas (trampas) que sirven para capturar langostas causando graves pérdidas a su gremio.

Contrasentido

A través del banco paraestatal Caruna, el gobierno le prestará 2 millones de córdobas a los socios de la cooperativa Don Hintin, “algo que agradecemos, pero al mismo tiempo estamos temerosos debido a los problemas que informamos anteriormente y a la proximidad de la veda de la langosta que inicia a fines de febrero, lo que nos puede llevar a la quiebra y no tendríamos la posibilidad de pagar ese préstamo”, valora Dixon.

El pescador propone que independientemente del libre mercado, el gobierno debería interceder para que los exportadores eliminen a los intermediarios y le paguen un precio justo a los pescadores por cada libra de langosta.

Henry Pineda, un veterano marinero y pescador costeño, se quejó de la mala situación de su gremio: “Muchos, no tenemos acceso al seguro social ni estabilidad laboral; trabajamos en situaciones de riesgo y a veces no logramos llevar el sustento a nuestras familias; es tiempo que el gobierno defina una estrategia para salvar el gremio de la pesca”, sugirió.