Máximo Rugama
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Luego de dos semanas de suspensión de clases debido a que docentes y funcionarios administrativos mantenían un paro de actividades demandando estabilidad laboral, más de mil seiscientos muchachos retornaron a sus aulas en La Universidad Nacional de Ingeniería, UNI-Estelí.

El paro se produjo porque los integrantes de una Comisión Especial, que se hizo cargo de la conducción del recinto, decidió trasladar como docentes a las maestras Crisell y Jamileth Benavides Talavera, ambas hermanas, quienes se desempeñaban como responsable de Apoyo Académico la primera y en la Secretaría Académica de esa Alma Máter la segunda.

Los dirigentes de la universidad llegaron a un acuerdo interno que permitió que los cerca de cien docentes horarios y de planta, así como funcionarios administrativos, se integraran a sus labores para evitar, de esa forma, que el año académico sufra más interrupciones.

En lo que va del año, han ocurrido dos interrupciones de clases. La primera duró una semana, los estudiantes demandaban la destitución del profesor Julio Rito Vargas y la entrega de cien becas, ya que según los dirigentes estudiantiles, sólo seis muchachos recibieron medias becas.

Una vez que las autoridades centrales de esa Alma Máter separaron de su cargo a Vargas, la dirección quedó bajo la conducción de una Comisión.

Esa Comisión fue designada, por consenso entre los representantes de esa casa de enseñanza superior y de la comunidad educativa, para que conduzca hasta el ocho de julio de este año, cuando se cumplan tres meses, tiempo estipulado para que retorne a la normalidad.