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Durante la reciente celebración del Día Mundial de la Tierra, en la hacienda agroturística y ecológica “La Máquina” de Diriamba, a la altura del kilómetro 58 de la carretera a “La Boquita”, la escritora y propietaria de dicha reserva silvestre privada, Berenice Maranhao, propuso públicamente que cada una de las 40 fincas ubicadas dentro del denominado “Corredor Biológico Diriangén” (CBD), dediquen el 10 por ciento de sus dimensiones a cultivar especies arbóreas y arbustivas que sirvan exclusivamente para leña.

De este modo, explicó, se podrá proveer a los comarcanos de la biomasa que necesitan para sus fogones domésticos, y al mismo tiempo, proteger a las especies maderables y otros árboles centenarios que sustentan a una variada fauna salvaje en amenaza de extinción.

En el acto dedicado a La Tierra, también se rindió homenaje al cacique Diriangén, que en 1823 inició en Nicaragua, y probablemente en América, la resistencia indígena contra la invasión española, a quien, según Maranhao, es importante recordarlo porque aquellas actitudes imperialistas persisten hasta hoy en su actitud de dominación a los pueblos de nuestra América y otras regiones del mundo contemporáneo.

Diriangén de Diriamba

En una enjundiosa disertación, el educador, historiador y escritor diriambino Octavio Argüello, citó a los cronistas de Indias para sustentar la existencia del famoso cacique objeto de leyendas, al que llamó “señor de los dirianes”, y también para defender el consenso histórico de que su cacicazgo no estaba asentado en Diriomo o en Diriá, sino en Diriamba.

A “La Máquina”, por su liderazgo conservacionista, se le considera el corazón del corredor biológico que arranca desde el nacimiento del río La Trinidad, donde limitan la finca avícola San Francisco con la finca San Luis, sector de Las Cuatro Esquinas, y termina desembocando al mar en el estero de La Boquita, tras recorrer 35 kilómetros entre un bosque de galería muy agredido.

Es a dicho bosque, con todo y su fauna, así como al propio caudal del río La Trinidad, a los que intenta salvar y conservar El Corredor Biológico Diriangén (CBD), que es una iniciativa local de ordenamiento territorial con apoyo de la alcaldía de Diriamba.

En la tarea conservacionista también apoyan el Sistema Nacional de Areas Protegidas (Sinap), la Red de Reservas Silvestres Privadas --integrada por 39 fincas agropecuarias y ecoturísticas a lo largo y ancho del país-- los finqueros del área, y hasta los propios comarcanos, como fruto de una intensa y extensa campaña de concientización.

Un gran respiro al bosque tropical
Para ejemplificar lo que una finca típica dedicaría a la “siembra de leña”, podríamos decir que en el caso de “La Máquina”, con sus 226 manzanas de superficie, el área de cultivo sería de 22.6 manzanas.

Mientras tanto, en las 3 mil manzanas que totalizan las 40 fincas del corredor de 122 kilómetros cuadrados, la producción total de biomasa abarcaría 300 manzanas, con lo que holgadamente se cubriría la demanda humana de la cuenca, y hasta podría abastecerse el consumo de territorios vecinos, con el consecuente beneficio para los bosques. ¿Y de qué manera aumentaría la producción de oxígeno y la captura de carbono si de manera voluntaria, o bien con una ley nacional, este ejemplo se multiplica por todo el país?
A pesar de su imagen como finca agroecológica y ecoturística, donde en verano acuden centenares de bañistas caraceños y managuas a disfrutar de los servicios gastronómicos (comidas y bebidas) así como de la belleza escénica, de las refrescantes pozas y de la catarata de varias caídas que forma en ese lugar el río La Trinidad, “La Máquina”, donde se ofrece un par de confortables habitaciones, no aprovecha totalmente el potencial económico de una reserva ecológica privada.

Enorme potencial de negocios y de vida
Le falta emprender un turismo ecológico comunitario de connotaciones educacionales.

A “La Máquina” le falta ofertar turismo de aventuras, y no digamos el senderismo, o el estudio que se ofrece a universidades extranjeras de nuevas especies animales y vegetales descubiertas, como es el caso de las reservas de la red ubicadas en el municipio de Cárdenas, o bien, la Reserva El Jaguar, en las frescas montañas del norte de Jinotega, donde las cabinas de hospedaje alternan con la montaña y los campos de cultivo.

Y dado que en Nicaragua está ofreciéndose por ley los incentivos financieros y tributarios para las fincas y haciendas que protejan el medio ambiente, mientras tiene buen mercado la venta de semillas mejoradas y certificadas de especies forestales, y paralelamente repunta en los mercados del hemisferio norte el consumo de productos agropecuarios orgánicos, así como el “turismo de naturaleza”, nos preguntamos:
¿Se puede hacer negocios productivos mientras se defiende al medio ambiente? ¿Qué papel están destinadas a jugar en todo el mundo las reservas silvestres privadas en la salvación de la Madre Tierra, que equivale a decir la salvación de todas las especies vivas, incluido el linaje humano?
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