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SAN CARLOS

Beto es el mono araña que ha causado sensación, porque en un “bajaretito” que su dueño construyó cerca de la llamada “piedra del amor”, se mantiene haciendo malabares con rapidez, a la vez que degusta chiverías que los curiosos le tiran.

Pero no todo ha sido color de rosa para Beto, pues hace mes y medio, en uno de sus arrebatos mordió a un joven, y ante el temor que le provocaran daño, su amo quiso deshacerse de él llevándolo al monte.

Santiago Francisco Sevilla, es el joven que caminaba frente a la “piedra del amor”, en San Carlos, cuando el mono lo mordió en el brazo derecho.

El muchacho se fue a curar, lo vacunaron contra la rabia y en el centro de Salud se comprometieron a mantener bajo vigilancia al primate.

Según “Chaguito” ya son dos las personas mordidas por Beto, y a su juicio, su dueño, Venancio Ramón Cerna, estaba “echando el mono a las personas que pasaban por allí”.

Vida casera

Venancio no comulga con esa opinión, ya que aduce que “Beto es dócil y sólo actúa con agresividad “cuando lo jochan”. Dice que un amigo se lo regaló y tiene aproximadamente nueve años de tenerlo.

Por la mordida a “Chaguito”, un inspector de Salud se presentó a la vivienda de Venancio. “Me dijo que no había vacunas para el mono y amenazó matarlo con una piedra”.

A partir de entonces, a Venancio lo invadió el temor y “aunque me daba pesar, pensé que ya no podía tener al mono”. En ese entonces, lo mantenía atado del cuello a una cuerda con un saca vueltas, en una arboleda al lado de la casa. Venancio con mucho pesar se lo llevó en hombros: “Lo solté en unos tacotales para que buscara el monte, aunque yo sabía que cuando un mono se cría en la casa no sobrevive, esperé que volviera, en mi centro de trabajo, (él es guarda de una torre de TV), pero no regresó”.

Días después llegó un chavalo a decirle: “Beto anda haciendo averías y sólo usted lo puede agarrar”. Efectivamente, el mono buscó la ciudad y se movilizaba en los barrios “30 de Mayo” y “Linda Vista”.

Venancio logró controlarlo y decidió mantenerlo en un árbol. Sin embargo, ante la nostalgia familiar, optó por traerlo de nuevo a su vivienda y le construyó una casita, cerca de la “piedra del amor”, donde también le colocó una hamaca, y es un espectáculo verlo mecerse.

Preferencias de Beto

Según Venancio, Beto sabe corresponder a los mimos, pero si alguien lo quiere atrapar, “actúa”.

Revela que ha aprendido a comer de todo, pero lo derriten los helados, y come gallo pinto, pero si le juegan la comida, entonces la rechaza. Antes de llevarse el bocado aspira y araña ligeramente el alimento.

A diferencia de los monos araña que viven en los frondosos arboles del bosque tropical, y que se alimentan de frutas y hojas, a Beto le gusta la chicha de maíz y el pinol, “y el payán es su tentación”, además que come bananos y meneítos.

Venancio dice que intentó regalar el mono o entregarlo a un zoológico, pero siente que ya es de la familia. Lo que más desea es que el Ministerio del Ambiente y Recursos Naturales, le permita tenerlo, y que el centro de Salud le garantice la vacunación.

Venancio está más que convencido que Beto no puede regresar a su hábitat, donde acostumbraba andar en manadas de 4 y 8 coatá, ya que los mismos monos le pasarían la cuenta, porque ya es un desconocido para ellos.