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LAS MINAS
El tráfico interno y comercialización de droga está acabando como cáncer maligno a gran parte de la juventud y niñez nicaragüense, problema de Salud Pública que está causando preocupación en la región de Las Minas, en el Caribe Norte.

El 40% de unos 95 mil jóvenes, en edades comprendidas entre 16 y 25 años, que se estima viven en Las Minas, incluyendo Mulukukú y Prinzapolka, al menos una vez ha probado droga.

Las que más consumen es la marihuana y el crack, siendo el experimento y la incitación de un “amigo” la excusa, según coinciden estudios académicos y los Comité de Convivencia y Seguridad Ciudadana de la zona.

Con ese pretexto ahora se tiene un 15% de jóvenes de ese universo, a los que se les agregan niños y niñas, atrapados en ese mundo irreal.

El consumo y la adicción a las drogas, sobre todo en la juventud está generando serios conflictos de convivencia familiar. Muchachos y muchachas se vuelven violentos hasta con sus progenitores.

Durante el día, pero sobre todo por las noches, con revólveres y filosos machetes atacan, violan y roban al que encuentran a su paso.

La población de esos cinco municipios parece encontrarse a merced, de criminales y ladrones. Y es que conseguir droga en estas cinco localidades suele ser más fácil que adquirir un jarabe para la tos, un bollo de pan o una bolsa de leche.

Los expendios de droga han proliferado como la reproducción de zancudos, a tal punto que los habitantes consideran que existe al menos un expendio en cada uno de los 59 barrios y 349 comunidades que tienen esas localidades.

Cifra oficial queda lejos de la real
Presunción y cifra que la Policía considera incorrectas, pues oficialmente la institución registra sólo 49 direcciones donde expenden droga, 20 de ellas se localizan en Siuna, 10 en Prinzapolka, 7 en Rosita, 6 en Bonanza y otras 6 en Mulukukú.

Estos datos otorgados por la Policía de Las Minas corresponden al finalizar el año 2009, no se incluyen los llamados “pucheros” que se movilizan por las calles, cantinas, discotecas y colegios, ofreciendo las sustancias prohibidas.

La población de Siuna, Rosita, Bonanza, Prinzapolka y Mulukukú sabe quiénes se dedican a ese sucio negocio, sin embargo, a la hora de un operativo el expendedor o la expendedora ya tiene la información de antemano.

Lo preocupante en estas localidades es que se ve a muchachos menores de 20 años deambulando sin dirección por las calles, mugrientos y sin camisa.

Casi no hablan y cuando lo hacen se expresan de manera incoherente: “Es que está loco debido a la droga”, le dice Catalino Meneses Gonzáles, a Marcos Ochoa Martínez, dos lugareños de Las Minas que comentaban el hecho cuando un vendedor de raspado intentaba conversar con un joven de tez blanca, pelo “mechudo”, descalzo, con poca vestimenta, de caminar pausado y que sonríe a menudo.

Los pobladores de Las Minas han demandado en el Consejo Regional que se realicen cabildos municipales, y ante la Policía Nacional que pongan en práctica políticas públicas que contribuyan a contrarrestar ese flagelo, pero a la fecha siguen sin encontrar respuestas o acciones concretas al respecto.