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Sobre el camino a la montañita, a pocos metros del cementerio municipal de Jinotega, nos encontramos a doña Ana del Carmen Herrera Siles, quien llegó en busca de medicina para curar la anemia que padece una nieta.

Doña Carmen, al igual que otras personas llegaron hasta el cementerio local, con la esperanza de tener alivio y que el curandero Porfirio Gadea Castro, a base de cascaritas sigue curando a quienes lo visitan, tal como lo hacía su difunto padre el famoso Bernardo Gadea Chavarría conocido popular y cariñosamente como “Nando”.

Han pasado 13 años de la muerte de Don “Nando”, y desde entonces personas de todas las edades y provenientes de distintos lugares del país, y más allá de nuestras fronteras llegan en busca de las famosas hierbas y cascaritas que don Porfirio --un hombre de 60 años con apariencia de ermitaño—les da.

Porfirio nos reveló que las cascaritas las busca de diversos árboles, pero el secreto de curación está en sus manos, cuya fama ha trascendido desde que su padre falleció y fue quien le transmitió los conocimientos.

Ivania Úbeda originaria del empalme La Concordia, llegó en compañía de su pequeño hijo en busca de medicina, pues según su testimonio desde que “atendía” Don “Nando” la curó de una insuficiencia renal.

El pequeño hijo de Ivania padece malformación en la columna, y ella asegura que desde que le unta un polvito recetado por este curandero ha visto mejoría en su hijito.

Sobre “Nando”
Al otro lado del cerro “ La Cruz” vivió por mucho tiempo el famoso curandero “Nando”, reconocido en la región por sus conocimientos de la Madre Tierra aplicados en la medicina indígena, con la que curó de múltiples enfermedades a centenares de personas de diferentes clases sociales, algo que hizo hasta el momento de su muerte con 102 años cumplidos.

La gente que ha llegado le atribuye el don de curar, y atiende entre 60 y 70 personas semanalmente.

Este cambio de lugar permite que las personas enfermas ya no tienen que recorrer la larga travesía hasta el cerro “La Montañita”, pues desde hace 13 años don Porfirio baja a la ciudad dos veces a la semana.

Llega montado en su caballo y baja los martes y viernes de su vivienda ubicada a unos cuantos kilómetros del cerro “La Cruz”. Don Porfirio siempre llega cargando variedad de cascaritas para sanar los problemas de salud de las personas.

De todos los estratos sociales
Cabe destacar que personas de todos los estratos sociales llegan en busca de sanación, y se van llenos de fe con las cascaritas “milagrosas”.

Tal es el caso de doña Rosario González quien llegó con su hija padeciendo de un problema en el pie izquierdo. Según ella, los médicos le indicaron que había que amputarle el pie, pero después de un tiempo de tratamiento con las cáscaras del curandero la joven ha mejorado.