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OCOTAL

Las 211 cabezas de familia de un sector marginal de esta ciudad lograron en dos años hacer realidad la instalación de la energía eléctrica, agua potable y mejorar una calle de acceso a su vecindario, gracias a su gestión comunitaria vinculada a los CPC.

Carlos Onaser Gómez Flores, dirigente comunitario del Sector No. 1 del barrio “José Santos Rodríguez”, contó que era irónico que siendo parte de una ciudad, “nos alumbráramos con candiles y teníamos que comprar o pedir agua hasta las casas donde llegaba la tubería, y además, estábamos incomunicados porque la calle de entrada siempre estaba en mal estado”, señaló.

Agregó que decidieron organizarse en los CPC para llevar su gestión ante la alcaldía, donde lograron ser escuchados por el alcalde Carlos Norori. “Le agradecemos porque nos ha apoyado, y nos visita bastante para saber cómo se avanza en la solución de los problemas”, expresó.

La gente bajaba al río Dipilto, que pasa por el vecindario, para abastecerse de agua para las labores domésticas, aseo personal y lavado de ropa.

Gente pobre que acarrea leña para vivir

Gómez Flores, dijo que para lograr el éxito, hubo una sobre disposición de la gente al trabajo comunitario. “Aprovechamos el programa de alimento por trabajo que ofreció la alcaldía para reparar las calles, se benefició a 12 familias, pero las mujeres, hombres y niños se desbordaron a trabajar sin interés de recibir nada, porque vieron que la calle era importante”, dijo.

Después gestionaron el tendido eléctrico ante el Ministerio de Energía y Minas, y para cuando fueron a pedir apoyo para la instalación del agua potable ya el zanjeo lo tenían avanzado, “y de esa manera, la alcaldía no nos podía decir no”, anotó.

La Municipalidad les apoyó en la compra de accesorios de PVC, otra parte lo financió la población, igual hicieron con el tendido eléctrico. “Y estamos dispuestos a cooperar para el encuneteado (drenaje pluvial) y empedrado de una calle que nos ha prometido la alcaldía”.

El comunitario destacó el sacrificio económico que enfrentan día a día las familias pobres. “La gente, para medio comer, se dedica a ir a traer leña al cerro para venderla y con eso se hace unos 40 córdobas diarios”, expuso.

Ahora quieren explorar la posibilidad de gestionar huertos familiares, como crianza de aves y producción de vegetales para mejorar un poco la calidad de vida.