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Son las cuatro de la mañana, aún está oscuro, con dificultad se distinguen las siluetas de hombres y mujeres, pero se escucha con firmeza su caminar. Son 40 los que vienen bajando de la montaña, de la comunidad “Caña número 1”, ubicada en el kilómetro 147 carretera hacia La Dalia, Matagalpa.

“Nos manifestamos en pro de la unidad de los pueblos indígenas, y celebrando que el gobierno central y los gobiernos municipales están reivindicando los derechos de los pueblos indígenas por primera vez en la historia”, explicó Juan Vílchez, presidente de la Junta Directiva Administrativa de los Indígenas de Matagalpa.

Mario Membreño, un joven de 22 años, los espera para emprender el camino y llegar a las siete de la mañana al lugar indicado, para abordar el bus que los trasladará a la Catedral de Matagalpa, punto de encuentro para emprender la marcha junto a las 23 comunidades indígenas.

La comunidad indígena Matagalpa festejó el Día de los Derechos Humanos con una marcha. “Todos los dirigentes decidimos organizar y traer al pueblo indígena aquí (Casa Indígena de Matagalpa) para que se proclamara la comunidad indígena ahí en la tarima y defendiera sus derechos”, relató.

A su llegada, un centenar de indígenas los esperaban con carteles que decían: “San Pablo conservando las tradiciones indígenas, por la unidad, marchamos juntos por el reconocimiento y respeto a nuestra autonomía”, y otros más.

Antes de emprender la marcha, hubo un momento de silencio, es momento de invocar al dios Sol con ritos, cantos, bailes y oraciones aún vigentes.

Terminado el diálogo con el dios Sol, emprendieron la marcha gritando consignas: ¡Viva la Comunidad Indígena de Matagalpa!

Piden apoyo para producir
Para restituir sus derechos, Ramiro Martín, un indígena de Pueblo Viejo, marchó bajo el intenso sol para exigir “apoyo para la producción de maíz, frijoles y arroz, porque uno pasa dificultades para obtener la semilla, porque no tenemos crédito”, afirmó.

Cerca de Ramiro, a ritmo de tambor baila María Centeno, de 28 años, de la Laguna, San Ramón, vestida con un traje color tierra --hecho con sacos de manila-- y caites.

“Es la danza del Sol para agradecerle a la madre tierra por todo lo que ella nos da”. Y agrega: “Lo hago para defender los derechos de nuestros indígenas que siempre fueron violentados por los políticos, por los que están más arriba que nosotros”.

Dos cuadras antes llegar a la casa indígena de Matagalpa, en la caminata junto al resto, va Apolonio Figueroa, de 75 años, originario de Samulalí, es el cacique mayor.

En Matagalpa para esta época hay empleo temporal para los indígenas que cortan café y recolectan frijoles en las haciendas. Algunos ganan 90 córdobas al día, otros no corren con la misma suerte y devengan menos dinero, que no es suficiente para mantener a sus familias.

Tienen tierras, pero viven en pobreza

Entre las comunidades de San Dionisio, San Ramón, Matagalpa, La Dalia, Terrabona y Esquipulas, existen 95 mil indígenas que viven en condiciones de pobreza y excluidos.

Irónicamente, son dueños de 85 mil manzanas de tierra pero muchos no tienen dónde vivir y además requieren servicios básicos.

Aún queda pendiente que los diputados discutan el anteproyecto de Ley de Pueblos Indígenas del Pacífico y Centro-Norte, que se encuentra engavetado.

Para Ricardo Changala, de Naciones Unidas, “este tipo de actividades parece que están marcando un camino muy claro de búsqueda de coordinaciones de las autoridades indígenas y las estatales, que es uno de los nortes centrales de instrumentos internacionales como el Convenio 169 OIT, que busca la construcción de un país pluricultural, multilingüe y diverso”.