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Las fuertes marejadas que se producen en el Caribe nicaragüense cerraron la bocana del Río San Juan, impidiendo el paso de las embarcaciones hacia el poblado de San Juan de Nicaragua, por lo que los capitanes de las naves se ven obligados a surcar un estrecho caño que conduce al río Indio hasta llegar al municipio más alejado del departamento de Río San Juan.
Tras navegar el Río San Juan, que se vuelve estrecho y seco en un trayecto de 35 kilómetros a partir del delta por las consecuencias del dragado del río costarricense Colorado y el cúmulo de sedimentos que provienen de la vecina del Sur, las embarcaciones hacen un alto donde se observan las plácidas aguas del San Juan, fundidas entre las marejadas del mar Caribe,  desviándose por el caño cuya maleza fue limpiada por los lugareños.
La vista escénica que para los visitantes es espectacular, e invita a admirarla más en el ocaso del sol. Para los pobladores no es más que un fenómeno natural que obstaculiza el quehacer cotidiano, afectando particularmente a los pescadores.

Puede no volver a la normalidad
Juan Inocencio García Meléndez, conocido popularmente como “Juan popa”,  dice tener 40 años de dedicarse a la actividad pesquera, y advierte del el peligro de adentrarse al mar cuando ocurren las fuertes marejadas.
“Se cierra la parte de la bocana del San Juan y la pasada hacia San Juan de Nicaragua; para poder pasar lo hacemos por un caño tan estrecho que  ha provocado accidentes”, dijo el sanjuaneño.
Según “Juan popa”, ese fenómeno se produce una o dos veces al año y deberán esperar otra fuerte marejada para que se pueda abrir el caudal, pero advierte que puede pasar así todo el año.
Algunos capitanes de pangas o embarcaciones señalan que tienen que jugársela al navegar el estrecho caño, donde sólo hay paso para una lancha pues hasta allí no llegan las regulaciones del transporte acuático o las señales de peligro ante el tránsito de la vía fluvial.