•  |
  •  |

La extrema juventud de nuestra tropa en el exigente torneo Clasificatorio de racquetbol, que otorgaba boletos para los Panamericanos de Guadalajara, fue un serio inconveniente por la falta de suficiente experiencia, con el agregado de habilidades apenas en etapa de desarrollo. Es duro ser verde, le digo a Róger Zamora, la cabeza más visible del Comité Organizador y al entrenador mexicano Enrique Esparza, responsable del adiestramiento de los chavalos, pero sin posibilidad de hacerles crecer su atrevimiento dentro de las limitaciones imperantes.

“Lo importante es continuar sembrando para cosechar. Estamos en una fase difícil mientras estos muchachos entre 13 y 16 años, se acercan a la madurez. Se trata de tiempo, mucho esfuerzo y estar en buenas manos como las del profesor Esparza”, dijo Zamora, quien contó con el abierto respaldo de Luis Lacayo en el intenso ajetreo de siete días en plena Semana Santa.

“Vimos a jugadores con más de 12 años de experiencia, acostumbrados a fuertes fogueos y con un calendario internacional intenso, casi sin pausas. Representantes de países con grandes historiales en el racquetbol y que han cultivado rivalidades. Aquí estuvieron las dos mejores jugadoras del mundo, y varios del ranking en el sector masculino. El reto era demasiado grande para los muchachos, mientras nosotros atravesábamos la prueba como organizadores”, agregó el dirigente, ahora empeñado en poner en marcha un proyecto que facilite canchas populares, como ocurrió en Bolivia y otros países.

Nicaragua, cuarto lugar entre juveniles, dependió del trabajo realizado por Bernardo Zamora, María Paula Posada y Luciano García, sin perder de vista a Claudia Jones, Larissa Ayón, Andrea García, Silvia Zamora, Alberto Prego y Sebastián Barrios. Lamentablemente, un problema muscular de Carlos Estrada, único veterano del equipo, impidió a Róger Zamora hijo terminar de fajarse en dobles, la más atractiva de las especialidades.