Jorge Eduardo Arellano
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“No me la sé”. “Es que yo tengo mi problema con esa canción” “Como la realidad cambió”. “Espero me disculpen”. Esas fueron las respuestas de Silvio Rodríguez cuando se negó a cantar Canción urgente para Nicaragua, a pesar de que la multitud se lo pidió a gritos, en coro, en su concierto realizado en Managua el pasado domingo dos de los corrientes.

No debe ser muy frecuente que un cantor se niegue a cantar una canción al público que la pide insistentemente. Menos frecuente debe ser que no cante una canción durante un concierto en el país al cual el cantante le dedicó dicha canción. Y menos frecuentemente debe suceder tal negativa cuando el propio título de la canción lleva el nombre del país al cual se dedica la canción. Sospecho que debe ser una rareza.

Después del 25 de febrero de 1990 y más aún después del 25 de abril de ese mismo año, me pregunté varias veces qué pensaría Silvio Rodríguez acerca de la canción que le dedicó a Nicaragua con carácter urgente y de ritmo contagioso. La respuesta la he obtenido 18 años después.

Está claro que la canción fue dedicada al pueblo de Nicaragua, al pueblo que construía y defendía su Revolución. No fue dedicada a la dirigencia política o partidaria. La canción le pertenece, por lo tanto, a todo el pueblo de Nicaragua. Y si no fue dedicada a ninguna dirigencia, entonces, tampoco el no cantarla en público es un rechazo o crítica a ningún dirigente, sino más bien es una crítica a todo el pueblo de Nicaragua; casi un desquite con el pueblo de Nicaragua. Silvio nos pasó la factura, la cuenta.

Yo también pensé que Silvio cantaría Canción urgente para Nicaragua al final del concierto planificado o cuando el público la pidiera después de la primera despedida; pero no fue así. La canción tiene todos los ingredientes para cerrar un concierto o para abrirlo, sobre todo en Nicaragua.

La canción en cuestión es un canto a la solidaridad y al heroísmo que el pueblo cubano, encabezado por el comandante Fidel Castro, brindó a Nicaragua, en múltiples campos y de manera desinteresada. Un canto al pueblo heroico de Nicaragua y a las vidas cubanas entregadas por la causa del pueblo nicaragüense. La misma canción lo dice: “te lo dice un hermano que ha luchado contigo/ te lo dice un cubano, te lo dice un amigo”.

Cuando la mayoría del pueblo de Nicaragua votó por los candidatos de la derecha y de los Estados Unidos, en las elecciones de 1990, permitió que la estrategia norteamericana de los halcones de la Casa Blanca tuviera éxito parcialmente, es decir, a largo plazo triunfó la guerra de desgaste de baja intensidad porque logró desplazar del poder a un gobierno revolucionario. La alianza derechista de la UNO triunfó sobre el FSLN. La contrarrevolución triunfó de manera cívica sobre la Revolución, con los votos; lo cual no sucedió por las armas. Ahí comenzó a cambiar la realidad que mencionó Silvio.

El pueblo de Nicaragua decidió interrumpir, al menos temporalmente, su “camino a la gloria”. De tal forma que, para Silvio Rodríguez podía resultar muy doloroso cantar Canción urgente para Nicaragua después de casi veinte años de que la mayoría de los nicas claudicamos (y lo digo en términos generales, porque yo particularmente no me incluyo en esa lista de votantes de la derecha abierta o solapada). Claudicamos ante la presión del imperio y su guerra. Esa es la verdad.

En determinado momento histórico fuimos dignos de una canción-poema de esa calidad.

Después dejamos de serlo. Las grandes y actuales preguntas son: ¿De qué lado estamos ahora? ¿Estamos dispuestos a claudicar otra vez ante el desaliento, la manipulación, la tergiversación y el enmascaramiento de las refinadas tácticas de la derecha, el imperio y los arrepentidos? Seguro estoy de que la respuesta no tiene nada que ver con dioses o diablos, cielos e infiernos.


*Radiólogo