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Quizá algunos se atrevan a colocar debajo de la alfombra de posibilidades a Manny Pacquiao, 52 triunfos (38 KO), 3 derrotas y 2 empates. Y están en su derecho. Sin embargo, considero que el filipino debe imponerse frente a un Shane ‘Sugar’ Mosley, 46 (39 KO), 6 y 1, mermado por los años y condiciones, aunque valeroso y agresivo.

Manny está acostumbrado a escalar montañas de adversidades, a pelear con determinación dejando un alto grado de admiración a su paso y también de destrucción. Su preparación, según su entrenador, Freddie Roach, ha sido una de las mejores, eso me lleva a graficar en la mente a un púgil con mucho aire y constante producción de golpes.

Pacquiao ha construido su grandeza con un esfuerzo sistematizado, dejando a un lado cualquier tipo de consideraciones. Uno a uno, sin mediar tamaño, alcance y pegada, el ‘Pacman’ los ha sepultado y sus retribuciones han sido cientos de millones de dólares en su cuenta bancaria y ocho títulos mundiales.

El compromiso de este sábado ante Mosley en el MGM Grand de Las Vegas, no será solo una pelea de trámite, será una guerra. Pacquiao está consciente de eso, y por tal razón debe emplearse con cautela al inicio de la reyerta, pero con su característico estilo rápido y agresivo.

Los atributos de Mosley han sido velocidad de manos y capacidad de desplazamiento, pero a sus 39 años esas cualidades se han visto reducidas. Aunque sería ilógico pensar que no tiene la mínima posibilidad de sorprender.

Su mejor arma es su volado de derecha, pero para meterlo con autoridad tiene que tener el suficiente espacio, y ahí es donde tendrá complicaciones con Manny, porque ese no para de moverse y sabe cómo meterse entre la defensa de su enemigo para someterlo.

El nocaut no hay que descartarlo por parte de Pacquiao, aunque no será sencillo. La balanza está inclinada hacia el monarca de las 147 libras OMB, que defenderá el cinturón ante un oponente con carácter y que aún no ha quedado derribado por peleador alguno.