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A medida que la tecnología avanza y que las diversiones son mayores, los atletas nicaragüenses carecen de profesionalismo, de entrega y respeto para sí mismos. Enorgullecernos de ellos se vuelve escaso.

Pero como todo en la vida, siempre existen sus excepciones y Juan Palacios, ahora campeón mundial mínimo interino AMB, es uno de ellos.

Este púgil de 30 años de edad, que sufrió el arrebato de su corona del CMB en 2009 en una pelea ajustada, que perdió motivación y fue carcomido por la inactividad, emergió como el ‘Ave Fénix’ y regresó a la cima del boxeo mundial con su victoria aplastante ante Samuel Gutiérrez.

“Los verdaderos campeones son aquellos que se caen pero se vuelven a levantar. Gracias a Jesucristo que me brindó las fuerzas para demostrar que aún no estoy acabado, que puedo seguir con éxito en este deporte debido a mi disciplina en los entrenamientos”, declaró Juan, quien ahora posee 28 triunfos (21 KO) y 3 perdidas en su carrera que despegó en 1999.

¿Lo que hiciste este sábado es un buen mensaje para los peleadores jóvenes?
“Claro que sí, en Nicaragua somos hombres aguerridos, es cierto que somos pocos pero con coraje. Mira aquí en México que son más de 112 millones de habitantes y les cuesta sacar campeones, y allá un país tan chiquito, damos lección de entrega. Como diría Rubén Darío, si la patria es pequeña uno grande la sueña”, admite el monarca peso paja AMB.

¿Qué opinión tenés de la pelea ante el mexicano?
“Fue intensa de principio a fin, pero a pesar de que Sammy (25 años) era más joven que yo, nunca bajé la guardia y cuando él me conectaba un golpe, yo me decía tengo que pegarle dos y si me metía dos, entonces yo aspiraba conectar tres, porque no iba a permitirle arrebatarme mi ilusión”, aseguró Juan.

¿En algún momento de la pelea te sentiste afectado por el castigo de Guty?
“Fue en el sexto asalto. Sentí que me conectó fuerte y me mareó, pero reaccioné, saqué fuerzas de flaqueza, había todo un pueblo al que no podía fallarle y al siguiente round me propuse desquitármelas y ganarlo”.

Lo que hizo Juan Palacios en México, fue extraordinario. Su optimismo en medio de la adversidad, su preparación y la seguridad respaldada por el temor a Dios, sirvieron para que Nicaragua ahora goce de dos campeones mundiales.