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Retar al Barcelona es desde hace largo rato, el equivalente a conseguir un pasaporte al laberinto. Hay que matar al Minotauro para poder sobrevivir, esto es, parar a Messi. Eso fue algo obsesivo para ese hábil estratega que siempre ha sido José Mourinho, durante la electrizante secuencia de recientes enfrentamientos Real Madrid-Barsa, y llegó a lograrlo en algunos momentos con la presión ejercida por un implacable Pepe, y el acorralamiento impuesto hasta por tres hombres.

Alex Ferguson no ha podido dormir esta semana. Su mesa de trabajo, parece la de Fidias, el famoso arquitecto griego, trazando los planos del Partenón. Regla, compás, crayones y rayas por todos lados. Tazas de café y cigarros. Un catre a la orilla. Nada de eso es exagerado. El ¿cómo parar a Messi? es la más difícil ecuación en el fútbol mundial. La clave para desajustar al Barcelona y vencerlo.

Los múltiples recursos, los raptos de inspiración, la imaginación inagotable, y esa destreza asombrosa del pequeño jugador argentino, llamado en el reportaje especial publicado el pasado domingo en el New York Times como “El niño genio”, obligan a un estudio hasta de los mínimos detalles. Un pequeño error frente a él, puede ser catastrófico. Su habilidad para manejar los espacios vacíos y saltar súbitamente desde una aparente indiferencia, proyectándose hacia la nada en busca de algo que va a producirse, lo convierten en una temible amenaza sin la pelota. Messi solo es inofensivo cuando duerme. Ferguson, los fieros defensores del Manchester United, Vidic, Ferdinand, Evra, O´Shea, Evans, están claros de eso.  Capaz de resistir más de 12 faltas por juego y mantenerse imperturbable por encima del crujir de sus huesos, este duende acostumbra a crecer bajo la mayor presión, como cuando siendo muy joven todavía, en marzo del 2007, en su primer Clásico en el Nou Camp, borró tres ventajas del Real Madrid con goles estupendos, el último en el minuto 91, con el Barsa jugando con 10 hombres desde el minuto 45, sellando un 3-3 inolvidable.

El Barsa puede jugar y ganar sin Messi, como lo ha demostrado en varias ocasiones, y el Manchester es tan buen equipo que puede fajarse y superar a la tropa de Guardiola, aún con Messi como lo hizo el Arsenal en octavos de final de esta Champions, pero la presencia del argentino trasciende, como las de Pelé y Maradona.

Su polivalencia impresiona. Puede ser el hombre de área desequilibrante en gestión personal o haciendo su aparición oportuna, anticipando la lectura de los pases de Xavi o Iniesta; o el centrocampista creativo o de contención que no tiene inconveniente en retroceder y arrancar desde atrás, o desplazarse serpenteando por los extremos y viniendo hacia el centro, a las brasas.

¿Un Messi bajo de voltaje?
Puede ocurrir, como humano y vulnerable que es, pero nadie se atrevería a incluir esa posibilidad entre las sospechas. Desactivarlo es terriblemente difícil, y es la tarea impuesta, como cortar las cabezas de la Hidra de Lerna. La responsabilidad de Messi es mayúscula en la batalla de mañana con el Manchester. “No puede apagarse” piensa Guardiola, aunque sabe que no es descartable, como cuando el mundo esperaba en aquel debut de Argentina contra Camerún defendiendo la Copa en Italia 90, deleitarse con el brillo de Diego, pero éste llegó con las baterías descargadas en la derrota por 1-0.

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