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Abrió Pedro, con esa estocada de derecha junto al poste izquierdo de Van der Sar, recibiendo de Xavi en el minuto 27. ¡Golazo!...Desequilibró Messi a los 54 minutos, accionando su zurda en la frontal, estando afuera del área, inutilizando la estirada del arquero holandés. ¡Golazo!...Y mató Villa en el 69, después de una entrada serpenteante de Messi y una oportuna y precisa recuperación de Busquets, con entrega inmediata. El zumbido de su derecha, hizo sentir escalofríos a toda Inglaterra. ¡Golazo!

Pudo ser una goleada mayor, pero este Barcelona “Messi-destructivo”, se quedó en el “casi” tantas veces, que el Manchester United debe haber salido satisfecho con el marcador en contra 3-1. Para los “Diablos” de Ferguson, eso fue como morir discretamente, ocultando el ruido que produce el acribillamiento, graficado por los 19 disparos del Barsa, y por lo menos media docena de entradas que retorcieron piernas, cintura y cuellos de los zagueros ingleses, como aquella tejida entre Messi y Villa, con regreso para el argentino rozando la posibilidad de convertir lo improbable en grandioso, en el minuto 64, y Wembley tambaleándose. ¡Uhhh, fantástico!

El inicio del Manchester, volcándose con determinación, confiando en su capacidad de agresión, apretando al Barsa, desajustándolo, hizo pensar en una batalla colosal. Pero el Barsa se ordenó rápidamente, y aunque fue golpeado por la respuesta de Rooney con ese soberbio derechazo recibiendo de Giggs, estableciendo el 1-1 en el minuto 34, después de una pérdida de balón por parte del Barsa sobre un saque lateral, a lo que se agregó un cierre tardío de Abidal y el aturdimiento de la defensa, supo establecerse, apoderarse del balón como acostumbra, jugar al billar con destreza y sin apuros, y desarmar al enemigo con prestancia y autoridad, mostrando su futbol y su actitud. El Manchester quedó manos arriba.

¡Qué bien estuvo el siempre iluminado Xavi, ese centrocampista humilde dueño de un futbol arrogante, experto en geometría!. Y como siempre, el factor Messi, seleccionado el jugador más sobresaliente del partido; empatando el récord de 12 goles en una Champions, en poder de Van Nistelrooy; subiendo con Villa y Pedro en triangulaciones desesperantes para Vidic y Ferdinand; juntándose con Xavi e Iniesta para garantizar la propiedad de la pelota en el medio y agilizar las proyecciones; retrocediendo para ofrecer su aporte en las recuperaciones, algo esencial en el estilo del Barsa; moviéndose sin pelota para incidir, como en el gol de Pedro, cuando se fue por el centro ante los ojos agrandados de Van der Sar y la preocupación de los dos centrales. Pedro no se precipitó y disparó con frialdad y certeza, sin estorbo. ¿Qué más podemos decir?

Ese futbol “Messi-destructivo” impulsó al Barcelona a la conquista de su cuarta Champions, y segunda en la corta era de Guardiola. “La pulga” se agiganta frente a las exigencias, y ese fue el enfoque que hice en mi crónica de regreso a éste diario hace un par de días. El Barsa no alteró su guión. No pierde el hilo de la pelota y acelera cada vez que irrumpe, asustando en cada llegada. Por ahora, ningún equipo del planeta se parece a éste que maneja Guardiola.

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