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Después de haberse sentido atrapado a ratos en el laberinto de la soledad, el bravo y eficiente alemán Dirk Nowitzki, alma de los Mavericks de Dallas, debe haber gritado al amanecer de hoy, mirando su dedo lesionado: ¡Auxilio, necesito ayuda!

¡Qué diferente fue el Heat! Cuando Lebrón se ocultaba pese a su impresionante presencia física, como ocurrió en el segundo cuarto, Bosh desequilibraba en la zona roja; cuando Bosh bajaba de intensidad y Lebrón revoloteaba, aparecía Wade desde afuera, fabricando pánico, y en el cierre, nuevamente la furia de Lebrón, con su disparo de tres puntos que golpeó la mandíbula de Dallas en el último segundo del tercer período, y su ímpetu demoledor abriéndole espacio a la flexibilidad incontrolable de Wade, con el aporte de Bosh.

En la primera mitad, Nowitzki contó con la ayuda de Jason Terry, y más adelante, cuando éste desapareció del escenario como una fotocopia del Fantasma de la Ópera, el fiero Dirk buscó el apoyo de Shawn Marion, quien multiplicó esfuerzos para agilizar el trabajo de armado que intentaba realizar Jason  Kidd, y sacar provecho de los desbordes del boricua Juan José Barea, sin precisión debajo del tablero ofensivo.

Nowitzki no estuvo perfecto en su accionar. También falló en penetraciones y se vio apretado en el juego friccionado, pero fue lo mejor de Dallas con sus 27 puntos, 8 rebotes y 2 asistencias. No contó con el respaldo requerido. A ratos, Chandler, el hombre más elevado de Dallas con sus 7 pies 1 pulgada, lo intentó, pero se trabó, y Haywood de 7 pies, quien consiguió 7 rebotes, fue limitado a 3 puntos.

Para remate, Nowitzki jugará esta noche con una férula en el dedo medio de su mano izquierda, lesionado en un despojo de balón realizado por Bosh. “No importa –ha dicho–, voy a estar al tope pese a eso”. Pero, ¿quién le ayudará?

dplay@ibw.com.ni

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