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Después de enfriar a un súbitamente aturdido Heat con una arremetida de 9 puntos en los últimos 2.49 minutos, el “lobo” Dirk Nowitzki, en la cima de la montaña, seguía aullando al amanecer de hoy, como burlándose cruelmente de la amplia ventaja por15 puntos, fabricada por el “ciclón” Dwayne Wade, que el equipo de Miami, con 7.15 minutos pendientes, vio desaparecer como producto de un derrumbe estrepitoso.

Ganaron los Mavericks, golpeando a los incrédulos en sus mandíbulas 95-93, un partido que parecía tan perdido como el idealismo en este desventurado país, para empatar milagrosamente la final de la NBA 1-1, con la serie trasladándose a Dallas el domingo.

Yo pensé que Dallas se había acabado en los últimos minutos del segundo cuarto, cuando el Heat, con el impulso del imparable Wade, la espectacularidad de Lebrón y el aporte de Chalmers, borró una desventaja de 9 puntos (51-42), la más gruesa que los Mavericks llegaron a construir.

Cuando Lebrón desequilibró el marcador en el inicio del tercer período rematando con esa violencia que lo caracteriza después de un robo de balón, el Heat tomó las riendas del partido manteniendo a distancia a Dallas, y llevándolo al borde del nocaut con esa ventaja por 88-73, que no sólo daba la impresión de ser irreversible, sino que podría convertirse en una paliza desproporcionada.

 

Wade estaba fenomenal en todos los aspectos del juego. Marcó 36 puntos con 6 rebotes y fue el factor mata-ilusiones con el apoyo de Lebrón, cuando la ley de la gravedad se detuvo en Miami, y el Heat dejó de funcionar. El show de Wade quedó atrás y fue el momento en que Nowitzki, olvidando su dedo lesionado, se convirtió en el “lobo feroz” que siempre ha sido. Acercó a Dallas 90-88, igualó la pizarra 90-90, acertó un disparo de tres puntos haciendo girar las cifras 93-90, falló Wade pero Chalmers desde las primera fila de butacas por la derecha, empató 93-93 con 25 segundos pendientes, lo suficiente para que Nowitzki rematara con la canasta mortal, sacando del hoyo a Dallas y obligando al Heat a meter su barba en remojo.