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Hay algunos hechos que cuesta creerlos: la muerte de Aquiles por culpa de su vulnerabilidad en el talón, la derrota de Napoleón en Waterloo, yel resultado del conteo en las últimas municipales caseras, entre tantos conocidos. Agreguen la derrota del Heat ante los Mavericks el jueves, que le quitó el sueño a Miami, consecuencia del aguijoneo de un terrible dolor de cabeza provocado por el desborde incontrolable de Dirk Nowitzki.

Después de un incierto y agitado primer período 28-28 con ocho giros en la pizarra, y un segundo cuarto con Dallas viendo esfumarse una ventaja de nueve puntos 51-42 conseguida con canastas consecutivas de Chandler y Marion, y el Heat frenando ese impulso con la ejecución de seis tiros libres, por parte de Chalmers, Bosh y Wade, antes de un triple equilibrador del mismo Wade, para ir al descanso 51-51, el partido echaba humo.

La ventaja 75-71 obtenida por el Heat al entrar el último período, apoyándose en el bombardeo largo de Bibby, la impetuosidad y eficacia de Wade, y las oportunas apariciones de Lebrón sacudiendo el cesto en momentos cumbres, no alteraba el suspenso que cobijaba a los últimos 12 minutos, pero cuando Wade se roba el show con cuatro canastas, y los aciertos de Chalmers y Bosh, le permiten al Heat establecer una diferencia de 88-73, creí que todo estaba consumado.

Cierto, faltaban 7.15 minutos. Peor para Dallas, pensé, porque con este crecimiento del Heat, la posibilidad de una paliza, se agigantaba. ¿Qué se había hecho Nowitzki?, ¿Dónde estaban ocultos Terry, Marion y Chandler? Los síntomas de inutilidad por parte de Dallas, saltaban a la vista.

Inesperadamente, el Heat se acostó sobre los laureles de una aparentemente segura segunda victoria, y mientras Wade, Lebron y Bosh “roncaban”, Dallas comenzó a rugir con el accionar de Terry, Kidd y Nowitzki, hasta acercarse amenazante 90-86. Fue entonces que comenzó el show de Dirk, en alemán y sin traducción para el equipo de Miami: dos dobles, un triple desequilibrante neutralizado por Chalmers desde afuera, y otro doble matador con tres segundos pendientes, sepultaron al Heat.

Quedó como parte del amargo recuerdo, el intento desesperado de Wade contra reloj, que rebotó y se perdió, como las ilusiones de una multitud, que igual que usted y yo, no lo podía creer.

dplay@ibw.com.ni