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Se impuso Nadal, rugiendo, mostrando un tenis fantástico para poder superar a este Federer milagrosamente restaurado, como si estuviera de regreso en su época de invencibilidad. Para la historia, quedará el 7-5, 7-6, 5-7 y 6-1, como constancia del sexto título de Nadal en París y su décimo “grande”, evitando el alargue del récord de Federer a 17, pero las imágenes de lo presenciado, excediendo lo fantasioso, las tendremos actualizadas por largo tiempo como una referencia.

Ese primer set fue para archivarlo en el “Harvard del tenis”. Los dos rozaron la perfección asombrando al mundo. Roger Federer –el verdugo de Djokovic-, con un alarde de precisión y contundencia, con un primer servicio que fue un latigazo casi siempre certero, llegadas oportunas a la red, y diagonales escalofriantes. Música y truenos a cargo del suizo. ¿Podría elevarse Nadal a esas alturas celestiales para salir del hoyo y buscar su sexto título en París? Parecía improbable frente a este Federer tan inspirado, pero Nadal lo hizo reaccionando impresionantemente a un 0-3, devolviendo dos quiebres de servicio, y finalmente imponiéndose 7-5, desdibujando con su aplomo y seguridad, la geometría deleitante de Federer.

Ese set arrebatado por un inmenso Nadal a un casi perfecto Federer, era irrepetible. En la pantalla, los veíamos de pronto en tres dimensiones, como cuando Federer realizó tres disparos consecutivos que mordieron las tres rayas, las dos laterales y la de fondo; o cuando Nadal se quitó una cuchillada al vientre, envió a Federer al fondo buscando una respuesta imposible, y al lograrla, el remate mortífero del español.

Perder un set así 7-5, es un rompe-corazones incluso para un hombre del carácter que ha mostrado Federer a lo largo de toda su carrera, y eso explica su arranque lento en el segundo set, con Nadal dispuesto a barrerlo lo más pronto posible. Se recuperó el suizo, quebró servicio y forzó ese desempate 6-6 ganado por Nadal, después de la suspensión por la lluvia. Federer, galvanizado, dominó el tercer set 7-5 entre el júbilo de la mayor parte de la multitud, pero la fiereza de Nadal se encargó de apagar su fuego y sepultar su pretensión de una victoria improbable, ahogándolo 6-1.

El mejor de todos los tiempos, hasta ahora, rindiendo su rey ante el todavía número uno del mundo, mientras el mejor del momento, Novak Djokovic, revisa su escopeta recién averiada por Federer.

dplay@ibw.com.ni