•   EL PAÍS / END  |
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España y Venezuela se vieron las caras por tercera vez y por tercera vez ganó España. El partido fue regular, como no podía ser de otra manera a estas alturas de la temporada y jugándose en una sauna: casi 38 grados y con un 90% de humedad relativa en el estadio General José Antonio Ansoategui. Los jugadores de Vicente del Bosque se ganaron las vacaciones con la frente bien alta porque, más allá del resultado, también se trataba de defender el prestigio del campeón del mundo. Y, además, no se lesionó nadie, que, dado lo irregular que estaba el pasto y la facilidad para dejar la pierna por parte de los locales, mucho fue. Con la victoria de ayer ya son 39 las de Del Bosque al frente de la selección española, más que ningún otro técnico.

Se estrenó Valdés como titular, apareció Iraola en el lateral derecho, Marchena y Albiol se juntaron en el centro, Pedro y Villa se abrieron a las bandas y Llorente se ofreció como referente, con Iniesta a su espalda. Del once que ganó a Estados Unidos, de hecho, solo repitieron Arbeloa y Villa, además de Alonso y Busquets, pareja intocable para Del Bosque.

Se trataba de defender el prestigio del campeón y el seleccionador lo recordó desde la pizarra. A partir de ahí, pueden cambiarse jugadores, pero no se toca la idea, aunque al fútbol español no le ayudó nada el campo, seco e irregular, y la temperatura ambiente, asfixiante -hay partidos que deberían jugarse con aire acondicionado en el césped, como el que refrescó a Ángel María Villar, el presidente de la federación, en el palco-, que jugaban en contra de España casi tanto como el ímpetu de Venezuela, que salió con el pie por delante y a los 10 minutos ya se había merecido dos tarjetas amarillas.

César Farías, el entrenador venezolano, invitó a sus jugadores a competir y memorizar mecanismos, olvidando la exigencia de ganar, que consideró excesiva tratándose de enfrentarse al campeón del mundo. Y eso hizo la vinotinto: competir como pudo, ante un equipo formado por 10 campeones, con las miras puestas en la Copa América, que empezará el 1 de julio en Argentina. Marcó Villa nada más empezar el partido con un potente remate lejano al saque de una falta y, 15 minutos después, Pedro, tras una combinación con El Guaje, pisó el área y clavó un tiro cruzado. El canario ofrece mucho trabajo y tiene una gran virtud: siempre tira a puerta. A partir de ese momento, todo fue más fácil y España administró la ventaja como buenamente pudo porque jugar en una sauna no debe de ser fácil. Descontó minutos La Roja, ayer de blanco otra vez, mientras solo inquietaba en su área por el pertinaz revoloteó de Orozco, el delantero del Wolfsburgo, alemán, inquieto como nadie por su banda. Otra falta y otro zapatazo, este de Alonso, que lideró a la selección, cerró la primera mitad, un regalo para los jugadores. El portero venezolano, Renny Vega, bien pudo ofrecer mayor resistencia en ambos tiros francos.