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En ese juego de luces y sombras que casi siempre es el boxeo, los méritos de Julio César Chávez y Mike Tyson para entrar Este fin de semana al Salón de la Fama en Canastota, no admiten la menor discusión. Sus gestos, la furia que siempre los identificó, esa impresionante capacidad de destrucción, su determinación para no dar ni pedir cuartel, los convirtieron en favoritos de las multitudes como permanentes generadores de emociones.

Chávez, un ganador de seis cinturones en tres categorías diferentes, superpluma, ligero y welter junior, quien perdió por vez primera frente a Frankie Randall en su combate 91, y Tyson, un peleador tan bravo como desconcertante, un ex–convicto rescatado por Cus D´Amato que parecía necesitar protegerse de sí mismo, el más joven Campeón Mundial de peso pesado que se ha visto con apenas 20 años, nos acostumbraron a peleas épicas.

Dolió ver a un Chávez entrando al ocaso, ser sometido dos veces por el mandato de los puños de Oscar de la Hoya, y estuve en las tribunas de la gigantesca Arena del MGM en Las Vegas, la noche de 1996, cuando Mike Tyson y Evander Holyfield mantuvieron en pie a 20 mil testigos, sacudidos por una interminable descarga eléctrica.

Vencedor de Trevor Berbick para coronarse en noviembre de 1986, Tyson se agachaba mostrando su mirada fiera e hiriente, y avanzaba agazapado, moviéndose de un lado a otro con su cabeza oscilando y sus puños letales amartillados. Fue un experto en simplificación de problemas. Subía y noqueaba por una facilidad asombrosa. Había que llegar temprano y concentrarse en las imágenes desde el primer sonido de la campana. Puede que no escucháramos otro.

Chávez fue un atacador sin pausas con aliento de dragón, escupiendo fuego, golpeando al cuerpo como una empresa de demoliciones. A lo largo de 115 combates, ganó 107 con 86 nocAuts, perdió 6 y empató 2, registrando –cuando enfrentó a Greg Haugen en 1993, el récord de asistencia en el Estadio Azteca, con 132,274 aficionados. ¿Cómo olvidar su resurrección de último instante frente a Meldrick Taylor?.

Un par de fieras entre las cuerdas, eso fueron siempre en sus épocas de esplendor y grandeza, Tyson y Chávez.

dplay@ibw.com.ni