•  |
  •  |

La próxima parada de los Mavericks, es seguramente en el Paraíso. Derrotando 105-95 al poderoso Heat de Miami, el equipo de Dallas ha escalado la montaña, coronándose por fin, campeón de la NBA.

Fue un partido que tuvo de todo. Tensión, intensidad, locura, garra, sudor y las lágrimas de Dirk Nowitzki, reducido dentro de una sorprendente inutilidad, a solo 3 puntos en medio juego, fallando 11 de 12 tiros de campo, como si fuera un extraño adormecido, no el atacante efectivo convertido en el factor desequilibrante de la final.

Ver al Heat sometido, casi humillado, después de haber eliminado a Celtics y Bulls, parecía una escena surrealista, pero eso es lo grandioso del deporte con permiso de Diógenes, no hay nada escrito. Ahí estaba en los últimos minutos, con el Heat tratando de emerger espectacularmente, salir del hoyo y proyectarse hacia la proeza de empatar la serie, la desesperación de unos y la ilusión de otros.

Resurgió Lebrón James como anotador con 21 puntos, pero eso no fue lo suficiente. Se necesitaba de su parte, más que cinco rebotes y cinco asistencias. Arrancó como un tiro, dando la impresión con cuatro aciertos consecutivos de dirigirse a una noche de gran brillantez, pero perdió ritmo y confianza, en tanto, a falta de Noewitzki, vino Jason Terry desde el banco para robarse el show con sus 27 puntos, sin obviar el aporte decisivo de José Juan Barea quién marco 15, después de 17 en el quinto juego.

Dallas reaccionó a tiempo para imponerse 32-27 en el primer cuarto, con una arremetida de 9 puntos en los últimos tres minutos; perdió 24-21 el segundo período al fallar Nowitzki todo lo que tiró desde cualquier distancia, y desorientarse Marion; regresó para ganar el tercer cuarto 28-21, impulso que fue decisivo, ya con Nowitzki reactivado y Terry encendido; y nivelando 20-20 el tramo final, aseguró la victoria y el título, enmudeciendo a Miami y enloqueciendo Dallas.

Aún moviéndose entre sombras, Nowitzki  logró hacerse sentir y terminó con 21 puntos y 10 rebotes. El alemán volvió a iluminar la cancha en los dos últimos cuartos con la sencillez de juego, revestido si de esa mortífera efectividad que lo caracteriza. El Heat con sus tres grandes, necesitaba “algo más” de ellos mismos, porque durante la mayor parte del tiempo, los hombres del banco respondieron.

Una serie fuertemente disputada con los corazones de los protagonistas y el público moviéndose de las gargantas a los estómagos y los pulmones amenazando con colapsar. Un Dallas fantástico obtuvo su primer título sin el menor cuestionamiento. No fue casual que barrieran a los Lakers.

dplay@ibw.com.ni