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El hundimiento del Heat frente a Dallas atormentará largo tiempo al fenomenal LeBron James. No podrá dormir con las imágenes de los cierres de juego en las cuatro derrotas del Heat, viniendo vertiginosamente hacia él, recordándole su imprevista inutilización en el momento de mayor exigencia, donde los “Monstruos” crecen. Lamentablemente, LeBron se arrugó.

Claro, no fue sólo culpa suya ese derrumbe. Todos en el Heat, incluido Wade, su mejor hombre ofensivo en la final, tienen responsabilidad, pero el mayor abatimiento sacude al más fiero, al considerado factor desequilibrante.

En la eliminación de Celtics y Bulls, la furia de James fue decisiva. Más de 30 puntos, más de 10 rebotes y más de 10 asistencias fueron sus cifras perseguidas aunque no siempre conseguidas, en cada uno de los juegos de esas series, mientras el Heat avanzaba hacia la final terminando con los temibles enemigos, evaporando el favoritismo concedido por los expertos.

James encendido, Wade imparable, Bosh humeante. ¿Cómo parar al Heat? Tan improbable como detener al ejército de César en la conquista de las Galias. No, Dallas no podría hacerlo, aún impresionando con su barrida a los Lakers. Nowitzki sería una amenaza permanente, y Chandler muy útil en los dos tableros, pero frente a una defensa tan fuerte físicamente y aprieta tuercas, Terry tendría que tirar desde afuera, mientras el impulso del pequeño Barea estaría rebotando.

Esas rotaciones del Heat, la presencia intimidante de Bosh por el centro recibiendo pelotas para convertir, las arremetidas desconcertantes y vigorosas de Wade, y sobre todo James, desequilibrando en cualquier sector con su capacidad de bloqueo, facilidad para proyectarse y poder atraer lo suficiente la atención para fabricarle espacios a los compañeros  y realizar entregas a su antojo, colocaron al equipo de Miami como favorito.

No ver impactar a LeBron en la primera victoria del Heat 92-84, pasó desapercibido, pero a partir de la pérdida de voltaje en el segundo juego, cuando Dallas arrebató espectacular e increíblemente, lo colocó debajo de los reflectores del cuestionamiento global. Y la ferocidad de LeBron se derritió lentamente. Incluso fue reducido a sólo dos puntos en uno de los últimos períodos.

Parecía estar en la ruta del resurgimiento al iniciarse el sexto juego con 9 puntos en tres minutos, pero una vez que se cerraron los espacios, regresó el miedo a halar el gatillo desde posiciones adecuadas, estuvo involucrado junto con Wade en pérdidas de pelota gravísimas, y su autoridad en los tableros fue desconocida.

Así que sin discutir la grandeza de LeBron, su cuestionable actuación en una final perdida, le impedirá dormir por largo tiempo. No tiene interés en ver el video de ningún juego. ¿Para qué?

dplay@ibw.com.ni

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