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El lanzador William Juárez alista sus maletas para ir a México, donde finalmente jugará, no en los Diablos Rojos de México, como había acordado con la organización de los Padres de San Diego, sino que recibió una oferta de los Petroleros de Minatitlán y podría marcharse en los próximos días siempre que reciba su visado en la embajada mexicana.

“Me llamaron de los Petroleros el martes y acepté porque no podía seguir esperando más a los Diablos Rojos. Necesito jugar y que me observen los Padres de San Diego u otra organización de las Grandes Ligas, en una liga donde pueda llamar la atención”, dijo Juárez emocionado desde Chinandega por la posibilidad de viajar.

Pero Juárez aún no tiene segura su fecha de partida, porque hasta ahora lo que logró fue entregar en la embajada de México, en Managua, los documentos que le enviaron por fax los Petroleros. Sólo resta esperar que tengan éxito los trámites.

“Ésta es la oportunidad que estaba esperando. Sólo falta que aprueben la visa y esforzarme por ganar cada juego. Ojalá todo salga bien y pueda irme a México, porque sé que tengo material para pelear un puesto en Grandes Ligas”, agregó.

La promesa que había recibido de los Padres de San Diego era que de acuerdo a su actuación en la Liga Mexicana de Béisbol, con los Diablos Rojos, filial de esa organización, podían enviarlo directo a las Ligas Mayores. Pero Juárez no tiene claro si el acuerdo se mantiene ahora que podría jugar con Minatitlán.

“Voy a hacer contacto con los Padres para ver si continúan interesados en mí. De lo contrario, voy aprovechar cualquier oportunidad que me brinde otra organización”, afirmó.

El chinandegano ya no seguirá entrenando con el Bóer y se quedará en El Viejo preparándose, pero de no conseguir que le den la visa mexicana, volvería al conjunto capitalino, que ya hizo contacto con Luz Portobanco para contratarlo.

De concretarse su presencia en los Petroleros, Juárez tendrá como compañero de equipo al mexicano Shamar Almeida, el mismo que jugara en el béisbol nacional con el Rivas en 1997.

El derecho, que promedia 92 y 93 millas por hora con su recta, sueña con volver a una organización para buscar su última oportunidad de subir a la gran carpa. Un chance que quizá tuvo con los Dodgers de Los Ángeles cuando jugó dos años en triple A con Las Vegas 51s.

“No me arrepiento de nada de lo que hice. Sé que algunos creen que haberme regresado a Nicaragua cuando estaba con los Dodgers mató mis posibilidades de subir, pero sé que fue la mejor decisión. Tuve un problema que tenía que resolver”, concluyó.