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De la sierra morena vimos bajar esos cuatro goles mexicanos, que le dieron vuelco espectacular a un partido que perdían 2-0 en el minuto 23, consecuencia de una excelente peinada de Michael Bradley y de la estocada de Landon Donovan culminando un tejido “a lo Barsa” con cinco toques desequilibrantes. El gol de Giovani Dos Santos sellando el 4-2 en la vibrante reacción azteca fue marca “Cielito Lindo”, con unos cantando y los otros llorando.

Por segunda final consecutiva en Copas de Oro, el gigante de la Concacaf fue México, no Estados Unidos, cuyo estratega, Bob Bradley, debe haberse acostado muy preocupado viendo cómo se debilita una generación de jugadores aparentemente sin reemplazos de calibre a mano.

Aún estando atrás 2-0, México era un equipo más dinámico, con mejor penetración y por supuesto con mejores posibilidades que Estados Unidos. Sin embargo, esa ventaja podría facilitar el establecimiento de los hombres de Bradley si lograban mejorar en la contención y conseguían algo de tranquilidad en su paso por el centro del campo. No ocurrió eso, México respondió a los 28 con el gol de derecha de Pablo Barrera rematando de primera intención, casi rascando el poste izquierdo de Howard; y empató a los 36, durante una arremetida que levantó una confusa polvareda frente a la cabaña estadounidense, clarificada por el empuje de balón de Guardado, custodiado en la propia raya por “El Chicharito”.

Ese 2-2 bajó las llantas y sacó combustible del tanque a Estados Unidos. México creció lo suficiente pese a la salida de hombres tan importantes como Salcido y Márquez, y en los primeros minutos del segundo tiempo se adelantó 3-2 con Barrera nuevamente desbordante y mortífero, recibiendo de Guardado, obligando a Bradley a ordenar tomar riesgos buscando el gol equilibrador, algo que casi consigue Clint Dempsey, estrellando una pelota en el horizontal a los 59 minutos.

Se necesitaba el tiro de gracia, y lo aplicó Giovani Dos Santos, quien había visto desvanecerse tres claras posibilidades, entre ellas una de zurda, apenas a los 5 minutos del primer tiempo. Fue una combinación de maniobras que levantaron al público de las butacas, entrando al área, quebrando a un zaguero, aguantando la salida de Howard y saliendo en corto hacia el centro, realizando un medio giro, consiguiendo posición de tiro, y clavando una caprichosa parábola en la escuadra derecha del arquero, muy por encima del esfuerzo de Goodson. Un golazo visto desde cualquier ángulo.

Un juego atractivo, sin duda, ganado por México con todos los méritos del caso. Este título en la Copa de Oro garantiza la presencia de mariachis en la Copa Confederaciones en 2013, en Brasil.

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