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River Plate, el noveno mejor equipo del Siglo XX según la valoración de la FIFA, fue reducido ayer a la nada, al empatar 1-1 con Belgrano y descender a la categoría B, algo así como buscar refugio en uno de los nueve círculos infernales que nos grafica Dante. El fútbol mundial, cargado de pesadumbre está asombrado, y el argentino, infartado. ¿Cómo vivir sin River?, fue a lo largo de 110 años en el nivel superior, una pregunta inexistente.

El famoso equipo que vio brillar a Pedernera, DiEstéfano, Moreno, Carrizo, Rossi, Sívori, Pasarella, y tantos otros, pasando por Francescoli y Crespo, hasta llegar a Saviola, Higuaín y Mascherano, tomó ventaja rápidamente 1-0 con gol de Pavone al minuto 5, tratando de darle vuelta al 0-2 sufrido en Córdoba, pero Farré empató a los 62, y River terminó sin sangre y sin alma, sepultado ante 52 mil testigos en el Monumental.

¿Cómo va a repercutir el descenso de River en el fútbol argentino? Por ahora, no más el Clásico Boca-River. Es como ver al fútbol español sin el Madrid o el Barsa, o el italiano sin el Inter o el Milán, o la Liga Americana sin Yanquis o Medias Rojas. ¿Por cuánto tiempo permanecerá congelada la rivalidad histórica?

Comencé a familiarizarme con el fútbol argentino, sobre todo con River y Boca, desde 1964 como comprador semanal de la revista “El Gráfico”, que traía a Nicaragua el doctor Hugo Riesgos, un argentino. Después, pude adquirir una suscripción, y todavía conservo ejemplares del Mundial de 1966, con aquel equipo gaucho jefeado por Perfumo, Rattin y Marzolini.

Así que la caída de este River exhausto y vulnerable, en una escena de caos absoluto, me duele por la forma como golpea. En el Monumental, la multitud, con sus ilusiones rotas se sintió con el alma surcada por las raíces de una cólera acumulada, y estalló provocando alteraciones aún consciente que todo estaba consumado.

dplay@ibw.com.ni