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Finalmente, tal como estaba previsto, el posible mejor short stop yanqui de todos los tiempos y seguro miembro del Salón de la Fama, Derek Jeter, escaló la montaña de la grandiosidad disparando su hit 3,000 ante una multitud que flotaba sobre esa admiración sin límites, que sólo pueden construir atletas súper-eficientes y al mismo tiempo ejemplares, orgullos, no sólo para una franquicia, sino para el deporte en general.

Y lo hizo espectacularmente, “a lo Reggie Jackson”, con un jonrón, metiendo una bola rápida del zurdo de Tampa, David Price, que buscaba como morder la esquina de afuera por encima de la rodilla, en las tribunas del jardín izquierdo, mientras el planeta se cubría de rayas azules girando alrededor de ese resplandeciente número 2. ¡Wow! Permítanme asimilar todo eso por un segundo.

Fue una tarde fantasiosa para Jeter, de súbito renacimiento, conectando cinco hits en cinco turnos, agregando al gran estacazo, un doble y tres sencillos. Y ganaron los Yanquis 5-4 con el salvamento 22 de Mariano Rivera.

Mientras el 28 bateador en llegar a esa cifra, el 14 con el mismo uniforme, y quien sigue en la lista a Craig Biggio, de Houston, quien lo logró en el 2007, le daba la vuelta al cuadro con esa sencillez que siempre lo ha identificado, el nuevo Yanqui Stadium, ansioso de acumular momentos históricos, se hinchaba como un hongo gigantesco.

Cada uno de los aficionados y los compañeros de Jeter sintieron cómo sus corazones latían aceleradamente. Jeter llegó al plato, levantó su brazo derecho, trato de pararse encima de los rugidos, y entre los abrazos, continuó atrapado por la intensidad emocional del momento.

El conteo estaba en 3 y 2, con Jeter batallando después del sencillo conectado en el primer episodio para su hit 2999, colocando a Price en jaque. El artillero de 37 años, fauleó dos veces lanzamientos diferentes, y se preparó para la próxima pitcheada con sus ojos bien abiertos y sus músculos crispados, listo para el salto felino. Captó el giro de la pelota, y su vértigo. Atacó con firmeza, y la pelota viajó hacia las graderías izquierdas. La proeza, estaba consumada.

El 30 de mayo de 1995, contra Tim Belcher, de Seattle, Jeter, quien raramente nunca ha conseguido un cetro de bateo, conectó el primer hit de lo que ha sido una brillante carrera que incluye cinco títulos de Serie Mundial, once Juegos de Estrellas, cinco guantes de oro, siete temporadas con más de 200 imparables, el reconocimiento como Novato del Año en 1996, Más Valioso en la Serie Mundial de 2000, y Más Valioso del Juego de Estrellas ese mismo año.

Jeter es el cuarto paracorto con 3 mil cohetes. Honus Wagner, bateador de 3,420 imparables con ocho campeonatos de bateo, fue el primero, seguido de Robint Yount, que cerró su carrera como jardinero, y Cal Ripken, también funcionando como Bateador Designado. Wagner se alternó en las diferentes posiciones del infield en los últimos años de una trayectoria que finalizó en 1917.

Bienvenido Jeter al Club de los 3000, que encabezan Pete Rose (4256) y Ty Cobb (4189)
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