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El fútbol de Colombia es flexible, a ratos vertiginoso, tiene variedad de llegada, y consigue contraofensivas eficaces con gran facilidad. Lo vimos nuevamente ayer frente a un equipo de Bolivia, que intentó pero no pudo fabricar suficientes complicaciones, y terminó derrotado por 2-0.

En la azotea del Grupo A con siete puntos, Colombia cuenta con el ímpetu desbordante de esa fiera que destaca en el Porto de Portugal, Radamel Falcao, capaz de abrirse paso en un campo minado sin medida del riesgo, zigzagueando, frenando y disparando.

Ayer, además de ese gol de apertura al minuto 14, recibiendo una pelota muy bien filtrada por Moreno, moviéndose hacia su izquierda y golpeando la pelota en forma rasante, sin chance para Arias, y del penal fría y certeramente ejecutado después de una discreta frenada frente al balón en el minuto 26, Falcao corrió incansablemente ejerciendo presión y pudo conseguir un tercer gol en varias oportunidades, incluida una de ribetes espectaculares, buscando un cabezazo volando en el área.

Bolivia solo tuvo adrenalina para el inicio del juego. Cuando Colombia comenzó a asentarse y prevalecer, Bolivia fue diluyéndose, quedando expuesta constantemente, pero una defensa valiente aunque carente de destreza aguantó las embestidas.

Hasta hoy, el mejor equipo del torneo es Colombia, dirigida por Darío Gómez, se agiliza por las bandas abriendo al adversario y garantizando penetraciones envenenadas, disponiendo de hombres que resuelven. Un equipo amenazante.