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España-Holanda no era la Final soñada antes de ponerse en marcha la Copa del Mundo, pero cuando llegó el momento de su enfrentamiento, era una Final altamente apreciada, con todos los ingredientes necesarios para ser excitante y dramática, como efectivamente lo fue, incluyendo las brusquedades, y el gol de Iniesta, la convirtió en una de las recordables.

No es el caso de Uruguay y Paraguay. La Final soñada de esta Copa América, era entre Argentina y Brasil, equipos precisamente eliminados por los protagonistas del duelo crucial mañana en el Monumental de River, y quienes por lo que han mostrado, no parecen poder producir un fútbol ágil, vertiginoso, cargado de habilidad, aunque quizás, pese a la indiferencia que se capta, logren ofrecer un duelo a cara descubierta, con la bravura como recurso fundamental, lo que sería más agradable, que ese fútbol confuso, destructivo, tratando el uno de apagar al otro a como sea, y que podría desembocar en un lucha deprimente.

En las narices de la Final, preguntar si todavía interesa esta Copa América tiene validez. Naturalmente, en Uruguay y Paraguay, nadie va a dormir hoy, pero el resto del continente no tiene motivos para sentirse inyectado de expectación.

Paraguay que tuvo dos partidos cumbres en la fase de grupos, cuando estuvo a punto de vencer a un desteñido Brasil y a una desarmada Venezuela, perdiendo ventajas por 2-1 y 3-1 a última hora fue decreciendo en cuartos y en semi, hasta ser considerado un finalista injusto; en tanto, Uruguay, sin sangrar por la pérdida de Cavani, quien podría estar de regreso, ha sido el equipo de rendimiento más equilibrado y efectivo, sin llegar a iluminar el torneo.

Se imaginan a Paraguay llegando a otra definición por penales y ganando la Copa sin haber podido ganar un juego. Sería un récord, pero grotesco. Uruguay impedirá que eso ocurra.

dplay@ibw.com.ni