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Desde antes que Napoleón -regresando victorioso de Austerlitz- ordenara la construcción del Arco del Triunfo en París, siempre hay algo nuevo que ver, como los tres jonrones con las bases llenas conectados anoche en Nueva York por los artilleros yanquis Robinson Canó, Rusell Martin y Curtis Granderson, en la estrepitosa victoria por 22-9 sobre los Atléticos de Oakland.

¿Cómo es posible que sea algo nunca visto?, preguntó Granderson, el bateador de 36 jonrones, que impulsando 5 carreras saltó sobre el humeante Adrián González, quién se voló dos veces la cerca frente a Texas, al imponerse los Medias Rojas 6 por 0, aprovechando una excelente apertura de Andrew Miller, y el funcionamiento de su bullpen.

El agigantado Granderson amaneció con 103 remolques, uno más que González, quien al disparar dos hits en cuatro turnos, se afianzó como líder de bateo con 348 puntos. La diferencia de un juego a favor de Boston, permaneció insalterable con los dos equipos ganando siete de sus últimos once juegos.

Ni siquiera aquellos Yanquis de 1927, encabezados por Babe Ruth y Lou Gehrig, con el aporte de Bob Meusel, Earle Combs y Tony Lazzeri lograron tres barre-bases en un juego, y quizás no vuelva a ocurrir. Así que los casi 47 mil que estuvieron en las tribunas del reluciente estadio de los Yanquis anoche deben  guardar sus colillas de boletos como un certificado de que fueron testigos de la rareza.

El salvamento 38 de José Valverde permitió a los Tigres, líderes del centro en la Americana, derrotar 2-0 a Tampa, en tanto los Bravos de Atlanta, abrazados a la opción del “comodín”, doblegaban 8 por 3 a los eternamente ocultos Cachorros de Chicago.