•  |
  •  |

¿Habrá visto Michael Platini el juego que el Barcelona le ganó al Oporto 2-0 en otra de tantas Copas que han inventado, y que enfrentaba al campeón de la UEFA con el Rey de la Champions? Pregunto eso, porque Platini, quien en 1986 aseguró haber sido merecedor del título mejor jugador de la Copa del Mundo, por encima de Diego Maradona, dijo hace un par de días que Lionel Messi era un protegido por el arbitraje, a diferencia de los cracks de antaño.

Platini, sin duda un gran jugador francés de dimensión mundial, pero quien nunca deja olvidada su arrogancia en el closet, trata de restarle méritos a un jugador, que después de superar un problema de crecimiento, solo busca como divertirse abrillantando su gama de recursos, sin desembocar en la mínima jactancia, como si se sintiera culpable de ser tan hábil, y necesitara dar explicaciones.

Ayer en el Estadio de Mónaco, ante solo 18 mil testigos en las tribunas, pero expuesto al mundo por la TV, Messi, ejecutor de la estocada al minuto 39 y del pase a Cesc en el 88, fue jaloneado de múltiples maneras, estuvo a punto de perder la camiseta en dos gestiones de brusquedad incontrolable, logró moverse hacia adelante con su cuello retorcido, y una vez más, demostró como puede proyectarse en un campo minado. Messi que ha sido víctima hasta de 22 faules en un partido, difícilmente se queja. Aterriza y trata de incorporarse lo más pronto posible, como si temiera desconectarse de la lámpara mágica.

Claro que hay pitar las faltas, pero se hace después que ocurren. No he visto a un árbitro evitar una agresión a Messi. ¿Dónde estaba el árbitro con la premeditada y alevosa patada de Marcelo, o la carga mueve costillas de Ramos en el último duelo con el Madrid? Cierto, raramente Messi perdió la cabeza, pero aunque no justificable, se entiende. ¿No lo cree Platini? Como apuntaba, una estocada de Messi funcionando como “cazador en el área” sobre una falla de Guarin, abrió el marcador para un Barsa nada apurado, tranquilizado por dos atajadas de Valdés, y luego, un pase bombeado magistral de Messi, descendió en el pecho de Cesc Fábregas, quien supo resolver con gran precisión antes de llegar el balón al suelo, estableció el 2-0 contra el Oporto. Agreguen las pelotas entregadas a Pedro, Villa y Alexis, y la entrada que hizo –off side por media pulgada- que pareció ser otro gol.

Seguramente Platini, el arrogante, vio protección arbitral que escapó a nosotros en cada una de esas gestiones.

dplay@ibw.com.ni