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Balanceándose peligrosamente en la hamaca de la incomodidad, apretando su cabeza con las dos manos bien abiertas, rumbo hacia el tercer juego de esta final del Pomares, Davis Hodgson se pregunta ¿qué hacer?

Con una producción de 7 y 6 carreras en los dos primeros juegos, Davis no tiene reclamos para la ofensiva, pese al debilitamiento de las muñecas de los bateadores cuando se sienten aguijoneados por la presión, como ocurrió con Joseph y Fox el sábado, pero su pitcheo se encuentra convertido en zona de desastre, y su fildeo, tiembla cerca del 7 en la escala Richter.  Esos factores adversos, son extremadamente dañinos frente a un equipo que ha logrado golpear con precisión en la mandíbula de los costeños, y que dispone de una defensa, que sin ser resplandeciente, es más efectiva, y además, cuenta con las escopetas de Pérez Estrella y Mejía, para abrir en Estelí los juegos de viernes y sábado, que podrían ser los últimos, si el equipo de Davis no consigue el enderezamiento requerido.

Vimos trabajar a ocho brazos costeños, con Alvy Terry y José Carlos repitiendo, y ninguno de ellos pudo transmitir cierta tranquilidad en las derrotas consecutivas por 11-7 y 9-6, haciendo que las consideraciones previas saltaran hechas añicos. Sin un resurgimiento de su pitcheo y fildeo simplificador de dificultades, la Costa va a necesitar mucho más de 7 carreras por juego para poder sobrevivir.

La salida del cátcher Scott Patterson, quien ha logrado cuatro outs en el plato, fue de grave repercusión en el segundo juego, así como la inseguridad en los bosques y la falta de funcionalidad en el cuadro interior, vistas en el primer duelo.  Aunque todos estamos claros que el Pomares ofrece un beisbol pequeño, tratándose de una final y contando con ciertos refuerzos, se espera un levante de nivel. Estelí lo ha conseguido, sobre todo mostrando su punch, pero el equipo costeño no ha podido crecer, y en estos momentos necesita eso urgentemente, para evitar sentir la soga rascando su cuello.

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