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Aunque Danilo Aguirre viva el resto de sus días con su alma aferrada al dulce recuerdo de lo que ha sido y significado en el combativo periodismo casero, nunca será una sombra de su pasado. El estará permanentemente actualizado por las huellas trazadas, sobre las cuales, deben de tratar de transitar, todos aquellos dispuestos a luchar tercamente y con una conducta periodística irreprochable, como la que él mostró.

Tuve la suerte de tenerlo a la orilla cuando comencé a gatear en este oficio sin haber pasado por una Escuela de Periodismo, es decir, totalmente desarmado; lo obligué a servirme de tutor acosándolo día tras día con preguntas en busca de aprender y mejorar; lo utilicé como espejo viéndolo trabajar intensamente intentando avanzar en el maratón de veredas tan complicadas que es la vida; conté con su amistad incondicional sobre todo en los momentos más difíciles; y fue, un efectivo asesor no solo en mi trabajo, sino también en muchos de mis problemas personales. Mi agradecimiento es ancho y profundo.

Un maestro de la titulación, sin duda. Titular es inspiracional. Se siente. El algo que se produce en el corazón y salta hacia el cerebro para plasmarse en el periódico. Un proceso deleitante de excitación suprema. Difícilmente veremos otro titulador como él. Todos hemos querido ser una aproximación de él, pero ninguno lo ha logrado, y Horacio Ruiz, otro grande, ya no está entre nosotros.

Después de sobrevivir a infartos y ser objeto de tres “by pass”, su poderosa y siempre fértil imaginación, que proporcionaba sus múltiples municiones, se ha quedado sin pistola.

Durante su largo y fructífero tránsito por La Prensa y EL NUEVO DIARIO, Danilo Aguirre mantuvo el dedo de su crítica valiente y oportuna, sobre el gatillo.

Pasaban los años mientras lo veíamos imponer su estilo y apoyarse en sus convicciones. Nunca una actitud servil, prueba de su autoestima. Este es el hombre con alma de guerrillero que hizo uso de la palabra mostrando su carácter, emergiendo desde la nada impulsado por un insuperable deseo de superación, capaz de derribar los muros de la pobreza extrema para proyectarse hacia el éxito en lo personal y profesional, desde una butaca de firme oposición a una dictadura criminal, el jefe de familia que enorgullece a sus hijos, el amigo de quien vale la pena jactarse, el ser humano siempre en crecimiento.

¿Puede un periodista como Danilo –ahora que se nos va de este periódico– vivir sin esa vinculación con las noticias, sin esa agitación que caracteriza a toda redacción, sin estar inmerso en las discusiones, y sin ese contacto con la gente a la que se acostumbró por casi toda una vida? No lo creo, pero él tratará de hacerlo mientras observa, quiénes son capaces de transitar sobre las huellas que trazó, dejándolas como herencia.

dplay@ibw.com.ni