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Un sorprendente gol de Pato en la primera jugada, antes que el árbitro se quitara el silbato de los labios, dejando con la boca abierta a la defensa del Barcelona, y otro de Thiago Silva en tiempo de alargue, con sólo dos minutos pendientes, impidieron lo que pudo ser un cómodo triunfo de los hombres de Guardiola, forzando ese molesto empate 2-2, y desvaneciendo la ajustada ventaja 2-1 construida con los goles de Pedro culminando una magistral maniobra de Messi, y el taponazo de tiro libre realizado por David Villa.

Después del impacto en frío provocado por la fuga y el remate rasante y fulminante de Pato, el Barsa se calmó, se adueñó de la pelota, tejió esa geometría fascinante en el engramado del Nou Camp, y se instaló en el área del Milan.

Dos penetraciones de Messi y su tiro libre curveado devuelto por el poste derecho, advirtieron que el empate estaba por llegar, y ocurrió en el minuto 36, cuando en otra jugada sacada de la lámpara que ilumina sus botines, el argentino se filtró por la izquierda y entregó una pelota con sello de gol a Pedro.

¿Y ahora, qué podría hacer Milan sin la pelota y sin ideas? El gol de Villa al minuto 50, un hermoso tiro libre hacia la escuadra derecha del arquero Abbiati, gran figura del equipo italiano con varias atajadas, pareció sentenciar el partido, manteniendo abierta la posibilidad de golear.

El Barsa aún sin Iniesta, quien salió lesionado y estará fuera de combate un mes, llegaba y llegaba pero no concretaba, como si estuviera interesado en mantener el suspenso, y falta de efectividad le costó caro. Sobre el final, en el minuto 92, lo que se pensò era un faul contra Abidal, se convirtió en tiro de esquina, y Thiago asestó ese cabezazo que paralizó a Valdés estableciendo el 2-2.

El Barsa estuvo bailando, pero fue el Milan con dos puñales quien provocó las más profundas heridas rescatando un punto como visitante y sacándole dos del bolsillo a Guardiola.