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“No hay enemigo pequeño” se dice constantemente por ahí, en el ajetreo deportivo. A lo largo de mis 41 años como cronista, yo he pensando diferente. Siempre hay grandes y pequeños, pero a diferencia de lo que ocurre en otros sectores, el deporte es más abierto a las sorpresas, y el arranque de esta Champions, ha sido tan inesperado como confuso, con los cálculos previos girando enloquecedoramente en una licuadora.

Después del empate del Barsa 2-2 con el Milán, el Madrid con todos los astros de su galaxia se impuso difícilmente 1-0 al Dínamo de Zagreb con el gol de Di María en el inicio del segundo tiempo. Cierto, Marcelo fue expulsado por un aterrizaje en el área buscando como engañar y forzar un penal en el minuto 63, viendo una segunda tarjeta amarilla, pero el Madrid, pese a mostrar su superioridad, se mostró pálido, con excepción de la pareja de centrales portugueses Pepe y Carvalho, de formidable desempeño sin titubeos.

En la segunda fecha de la primera jornada, el Inter jugando en casa frente al equipo turco Trabzonspor, cayó 1-0, provocando una terrible frustración, en tanto uno de los equipos impactantes en la liga inglesa, el Manchester City, del Kun Agüero, Silva, Nasri, Tévez, Dzeko, tuvo que resignarse al equilibrio 1-0 con el Nápoles, consecuencia de goles fabricados por Cavani de los italianos, y Kolarov, mientras otro “todopoderoso”, el Manchester United, atrás frente al Benfica 1-0 por el gol del paraguayo Oscar Cardozo, se conformó con el empate 1-1 logrado por un taponazo de Ryan Giggs.

Un equipo que respondió a los vaticinios es el Bayer, guiado por Ribery, vencedor del Villareal 2-0, con el Ajax de Holanda nivelándose 0-0 con el Olympique de Lyon, y el Basilea suizo, encabezando el Grupo C, sobre el United y el Benfica, luego de doblegar 2-1 al equipo rumano Otelul Galati.

¿Qué sospechar con los grandes flaqueando y los pequeños mostrándose tan retadores? Puede que estemos frente a una de las Champions más emocionantes.

dplay@ibw.com.ni